No te salen las palabras. Las tienes ahí, dando vueltas, pero cada vez que intentas ponerlas en un papel se te quedan cortas, o se te van por otro lado, o simplemente no aparecen.
Y hoy es un día importante: un aniversario, un cumpleaños, una despedida que llevas tiempo posponiendo. Sabes lo que sientes, pero no sabes cómo decirlo. Ahí es donde entro yo. 

Te decides y me contactas. Te ayudo a traducir tus sentimientos en palabras. Mi eslogan es claro: «Del corazón a la palabra. De la palabra al corazón».
Primero necesito conocer tus vivencias, recuerdos y sentimientos; en definitiva, todo aquello que quieras transmitir en tu escrito. También debes compartir el estilo que prefieres: los detalles, por pequeños que sean, ayudarán a crear un texto único; la mejor carta para ti y tu destinataria(o).
¿Acertarás con el regalo? Te lo preguntas mientras piensas en las cartas que sueles recibir en tu buzón: recibos de la luz y felicitaciones del banco.
La originalidad de escribir una carta y enviarla en acontecimientos importantes tiene más sentido que nunca en una época en la que todo es inmediatez y prisas.
Cumpleaños, bodas, aniversarios e incluso funerales: las palabras lo curan todo, el amor y el desamor de gente de todas las edades. El abanico de clientes puede ser muy amplio: desde un niño que quiso felicitar a su abuelo por su cumpleaños hasta una chica argentina que viajó a su país para leerle una carta a su abuela cuando cumplió 90.
Me adapto a la manera de escribir de cada persona y, sentada enfrente de ti, me dispongo a crear una atmósfera íntima en la que puedas reflexionar y convertir tus sentimientos en un regalo único e irrepetible. Un regalo inmortal, que se podrá disfrutar eternamente.
Trabajo contigo antes de escribir una sola línea: te pregunto, te escucho, te dejo contarme la historia que quieres poner en palabras. No hay plantillas ni fórmulas genéricas, pues cada carta nace de una conversación real, de los detalles que solo tú conoces sobre esa persona.
He escrito para cumpleaños, bodas, aniversarios, agradecimientos que se quedaron bloqueados durante años. Y en cada una, lo que más me repiten es lo mismo: «No puedo creer que suene tan a mí».
Tus manos sostienen el papel mientras todos te miran: es hora de leer tu carta. Tiemblas por dentro… Bajas la mirada para dar voz a las letras, a tus sentimientos, y te das cuenta del poder que puede tener la palabra. Sonrisas y lágrimas inundan la sala; nadie se cree que no la hayas escrito tú. No puedes esperar a contármelo: la carta ha sido un éxito.
Si tienes un momento así por delante y no encuentras cómo empezar, hablemos.
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