Determinación (Adam Zagajewski)

Publicado el 19 junio 2023 por Enrique.arbe @enriquearbe

El aspecto más fascinante de su biografía es la férrea determinación de Rilke a esperar que la Elegías de Duino visitasen su mente poética. Tal vez sea éste un caso único en historia de la literatura: un gran poeta que aguarda largo tiempo un determinado poema -no "un gran poema" cualquiera sino uno en particular- aprehendiendo su auténtica naturaleza pero sin hacerse con él todavía. Ahora sabemos que las cuatro primeras elegías fueron escritas entre 1912 y 1914 y que hubo que esperar ocho años a las restantes. Desde este punto de vista se puede considerar la Primera Guerra Mundial tan sólo como un molesto contratiempo que impidió la llegada de los poemas -que era, por cierto, lo que Rilke pensaba muchas veces de la gran guerra de naciones-. No se limitó a esperar: más tarde, cuando una vez finalizada la guerra se le abrieron nuevas posibilidades, buscó con mayor o menor asiduidad, y contando con la ayuda de sus amigos, una casa, una torre, un lugar apacible del planeta en el recibir el mensaje del ángel. Al final eligió Suiza, uno de los pocos países europeos no desfigurados por la cicatrices de las trincheras. Como sabemos, las Elegías de Duino terminaron por llegar y dieron sentido a su peregrinar, a su espera, a su postergar, a su deambular de villa en villa, a su paciencia. Conformaron su vida como una obra de arte y lo convirtieron en un emblema de la poesías del siglo XX.
Nadie podrá admirar a Rilke como padre o marido; su fobia a ser amado no resulta precisamente convincente, pero la forma que tomó su vida mediante la poesía es admirable. Lloramos la muerte de Rilke por leucemia en Valmont (negándose, como sabemos, a conocer el nombre de su enfermedad), pero quizás un poco menos que la de otros artistas: ¿acaso no había anunciado que las Elegías ponían fin a su obra? ¿Cómo hubiera podido vivir después? ¿Coleccionando sellos?
¿Visitando países exóticos en compañía de otros jubilados? ¿Escribiendo en francés poemas mediocres? ¿Hay una forma más perfecta de ser poeta? A duras penas.


 

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Releer a Rilke
Adam Zagajewski (
Leópolis, Ucrania, 21 de junio de 1945 - Cracovia, Polonia, 21 de marzo de 2021)
Editorial Acantilado, 2017
Es cierto que el paradigma de la poesía moderna se ha establecido (quizás algo deba revisarse) en La tierra baldía de Eliot, en 1922. Pero las Elegías de Duino de Rilke -de ese mismo año- son otro inmenso camino de bellezas y modernidades, para mí superiores a los bastante posteriores Cuatro cuartetos (que son admirables) o los algo posteriores y rilkeanos Sonetos a Orfeo, más herméticos, aunque Rilke confesó que nunca quiso ese hermetismo.
La Belleza rilkeana sólo puede ser con mayúsculas, como su refinado afán de que el hombre entre -pueda entrar- en la región que le es frontera: "¿Quién, si yo gritase, me oiría desde los órdenes angélicos? (...) Porque lo bello no es más que el comienzo de lo terrible, ese grado que todavía soportamos...".
Poeta europeo por antonomasia (un europeo en alemán, que también escribió curiosos poemas menores en francés) acaso no es tan casual que muriera y esté enterrado en Suiza. Zagajewski lo explica y lo define bien desde varios ángulos: "Sí, Rilke el artista puro". Y mejor: "Rilke fue un elegante signo de interrogación en el margen de la historia". "Rilke, intemporal e indudable hijo de su propio tiempo». Más allá de las modas, un poeta inmenso.
[El Mundo -  Luis Antonio de Villena]