Revista Pintura

Dia de vino y rosas

Publicado el 03 julio 2010 por Andresrueda56
Dia de vino y rosas
He intuido muchas veces la inspiración, la he sentido como algo necesario que nace desde adentro y empuja por brotar, por ser, por existir. Sin embargo hasta hace muy poco, apenas unos días, no había tenido la oportunidad de ver esa misma inspiración materializada en forma de Musas. Quizá el proceso siempre sea parecido y lo único que ocurre es que no le dedicamos la atención suficiente, pero indudablemente hay “algo” que nos lleva a todos los que intentamos crear allí.
Hace unos días fue mi cumpleaños, decidí pasarlo en la Alhambra sin ninguna razón aparente, sólo para dejarme invadir de su perfume y de su hechizo. Pasé horas disfrutando y dejando vagar la mente, tal era la abstracción que sentía llenándome de lo que me rodeaba que empecé a sentirme cansado, quizá ni siquiera era consciente del tiempo transcurrido, y quizá –también- la sensación de felicidad que se apoderaba de mí sólo se debía a las endorfinas, pero eso es cosa de científicos, yo estoy seguro que cuando uno sea recrea ante un paisaje, más si éste está vivo, empieza a integrarse con él y a tener otra perspectiva.
Me senté en un banco para descansar un poco, no sabía si había caminado cinco minutos o habían pasado horas, y de repente unas mariposas empezaron a revolotear cerca de mí, al principio me pareció natural, no había disonancias, sino todo lo contrario, era el detalle que culminaba la belleza del entorno. La armonía. Como si nada fuese por azar y una mano prodigiosa se hubiese encargado hasta del más mínimo detalle.
Las mariposas parecían cada vez más cercanas, recuerdo que llegué a pensar que querían hacerse mis amigas, al observarlas detenidamente me di cuenta que donde debía estar aquel cuerpo peludo había un minúsculo cuerpo de mujer, me froté los ojos pensando que mi imaginación me estaba jugando alguna de las suyas, y no, no sólo no se iban, me estaban haciendo señas para que las siguiera, habían organizado un baile con una delicada coreografía para que yo entendiera… las seguí distinguiendo sus bracitos por debajo de sus alas, como un extraño caminé hasta donde me quisieron llevar, hasta el centro mismo del lugar donde se pararon para decirme adiós con mucha ternura. Desaparecieron.
Miré a mi alrededor buscándolas, fue inútil, habían desaparecido casi de la misma misteriosa forma que habían llegado.
De repente mis ojos encontraron lo que tal vez estaban buscando, vi una composición perfecta: la armonía entre las rosas, los cipreses, los setos, las plantas, sentí los colores y acaricié las texturas.
Y entonces comprendí que ellas, la Musas del Generalife deseaban que yo plasmara aquel dulce momento del el día de mi cumpleaños. Saqué la cámara y me dispuse a atraparlo para luego en el estudio poder interpretarlo e interiorizarlo, aunque algo me decía que es paisaje ya estaba dentro mí.
Aquella misma noche después de escribir este pequeño suceso, me puse a pintar embriagado con el recuerdo del aroma de las rosas y el perfume del jazmín, desde mi terraza y con una copa de vino.
He aquí el cuadro que ellas me mostraron.
¿Se puede tener mejor regalo de cumpleaños?

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