Todo comenzó desde que tengo memoria, recuerdo verme cantando y escuchando música desde temprana edad, recuerdo que el primer disco que me regalaron fue el de Elvis Crespo ese de “Píntame esa carita” no recuerdo que edad tenía en ese momento pero si recuerdo verme cantando con un control al frente del radio, imitando y siendo muy feliz. Mi padre de alguna u otra forma me impulso y heredo los dotes musicales, el era un músico, no estudiado, pero su relación con la música era quizás una de las cosas más bonitas que he visto en mi vida, no importaban los problemas o las adversidades, porque siempre había una canción que lo hacía todo más llevadero y digerible. Crecí con esa referencia musical, con esa vena y esa esperanza, poco a poco la vida me acerco mas a ella, a los 8 entre a mi primera coral, era el comienzo y recuerdo que en esa toga azul deposite tantos sueños, sueños a los que luego deje pasar y guarde en una caja de embalar en mi corazón, fueron momentos duros, no era el momento para lograrlos aun, 2 años más tarde llegue a la “Temistocles Maza” y fue el inicio de las oportunidades, recuerdo haber comenzado cantando en los gaitasos de la época decembrina como “El Caraqueño” y entre furruco y tambora llegaron , festivales, viajes, “Mundo de sueños” y buenos momentos, participar en “El Festival la Perdiz de oriente” fue un antes y un después en mi vida, me trajo alegrías y experiencias nuevas que nunca olvidare, debo agradecer a mi tutor el profesor Isaac que fue el que desde un comienzo me dio la confianza y las herramientas para poder lograrlo, ese año comenzaba una nueva etapa, el liceo y entre despedidas y recuerdos la música había pasado a segundo plano, me “dedique” a los estudios, aunque debo admitir que nunca fui un buen estudiante, entre pasillos y libros, comenzaron los cambios, el desarrollo y con el los típicos complejos e inseguridades tontas que me hicieron dudar de mi voz, mi visión por la música había cambiado ya no la veía como algo que quería hacer, ya era algo que prefería oír y disfrutar, llego la universalización la apertura a nuevos géneros y cantantes, me volví roquero o “come gato” como muchos le llaman, escuchando bandas como Simple Plan, Green Day o 30 Seconds to Mars.
Luego comencé “el renacimiento”, cambie de colegio, de hábitos y de pensamientos, la música era ese poder escondido que al igual que la escritura solo mostraba a los que quería, me sentía más conforme con mi tono, aunque sabía que debía trabajarlo para mejorar y que aun habrían cambios en el, llego el teatro, la academia de actuación y muchas de las bases que hoy utilizo en mi carrera, pero a su vez llego la envidia disfrazada de amistad que me hacían dudar si tenía o no talento y decidí centrarme en la actuación, al poco tiempo llego “Camino a la Grandeza” y di a conocer uno de mis tesoros, pero sin darme cuenta me estaba preparando para dar el segundo paso, aunque tardaría un par de años para hacerlo, primero debía alejar los fantasmas y vivir una lucha para reconectarme conmigo mismo, durante ese tiempo muchos fueron los pensamientos que tuve y fui sintiendo la necesidad de cantar, siempre con ganas pero siempre con algo de temor que me hacia frenarme.
No tarde en darme cuenta que el temor no es amigo de nadie y que debemos vencerlo para lograr nuestros sueños.
Continuara….
“Para Vivir la música solo debemos abrir nuestros brazos nuestro corazón”
Copyright © 2013 Luis Eduardo Padrón. Todos los Derechos reservados.