Revista Diario

Doblez

Publicado el 21 junio 2011 por Mixha
Doblez Recorrer los cuerpos en las calles, los centros, por sí misma frente al espejo, en la perplejidad del ser humano y en la ironía al buscar la perfección imprecisa. Lo obsceno que puede ser un cuerpo inerte en su lúbrica impunidad.
Miras el diario y pasas las páginas una por una y te detienes casi por casualidad en un aviso que parece dirigido a ti. Lo lees con sigilo, medio abstraído pensando en miles de cosas que debes hacer en el día. Sin embargo, la noticia te detiene, impulsándote a buscar en las páginas amarillas una dirección. De repente te encuentras sumergido en una ruta extraña que te conduce a un lugar. Sientes un estremecimiento como si los caminos te llevaran por sí solos. Tocas la puerta pero nadie sale. Sólo está la portera, a la cual preguntas por lo sucedido, ella responde que la policía ya se ha llevado el cadáver. Repentinamente anota que tiene las llaves, y antes que termine de hablar le entregas 50 soles. Sin hablar te abre la puerta y  entras. Tomas un par de fotografías y te asomas a la ventana, por la cual puedes ver una pequeña fosforescente botica de turno. Levantas la vista y reconoces un libro Los Cantos de Maldoror, con extrañeza adivinas que le falta la última página y que está machado de café en la página veinte antes de abrirlo. Aspiras el perfume y notas un par de libretas con apuntes, un lápiz mordido junto a una fotografía e inmediatamente miras tu dedo índice que tiene una leve protuberancia. Reparas una hoja puesta en la impresora ya la vas a tomar, cuando la policía llega y te pide que te retires. Les preguntas quién era y te dicen que no tenía rostro.Al bajar vislumbras tu imagen en los escaparates y puedes desdibujar algunas facciones entre las curvaturas de las vidrieras. Ajena casi equidistante tu perfil se desdobla repartido entre tres paredes transparentes. Miras tu viejo reloj y notas que no funciona. Sigues caminando y al llegar a la esquina encuentras una breve bifurcación, no obstante sabes que vía seguir. Miras tus manos y observas un anillo de piedra verde, sientes rasgar la noche en tu piel. Y apuras la ruta hacia tu casa. Tomas un taxi y buscas la libreta que has tomado a espaldas de los policías. Lees una pancarta en la ruta, la masa de los cuerpos curva el espacio-tiempo. Antes de entrar ves que son las 6 de la tarde, entras a tu apartamento y notas que el café se  ha derramado encima del libro que has estado leyendo la noche anterior. Lo levantas lo limpias y buscas desesperada la última página. Buscas la foto en tu impermeable, cotejas tu rostro en el espejo y antes que pudieras voltear suena un silbido de una descarga.Doblez(le dedico con cariño este texto a Yurena Guillén, gran escritora y amiga)

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