Año 2204. Habíamos perdido nuestra capacidad para decidir. Los informáticos habían logrado que los computadores se anticipasen a nuestros deseos. El poderoso Big Data, reencarnado en su hijo El Algoritmo, nos salvó privándonos del libre albedrío. Nuestras biografías eran códigos escritos antes de nacer, que se podían adquirir en internet.