Publicado el 04 julio 2017 por 50palabras
@50palabras_
Llamé a casa desde la oficina. Estaba seguro de que me engañaba. —¿Dígame? No podía ser. Esa voz tan familiar... ¿Pero cómo podía ser posible? No daba crédito. Estaba confuso. Era mi propia voz. Al fondo escuchaba reír a mi mujer. Maldita... —¿Hola? ¿Hay alguien ahí? "¡Clack!", me colgué ofendido.