
Hay algo tremendo para el ser humano: es el destiempo.
Al destiempo se le suma la desesperanza. Y luego de la desesperanza llegan innumerables sentimientos más que comienzan con “des”: desilusión, desarmonía, desajuste emocional y existencial, desazón, desinterés. Y así podría seguir hasta el infinito.
Pero para todo hay una explicación.
Te explican que luego entenderás por qué no se dieron algunas cosas. Que la sincronicidad y la mar en coche.
Pero ¿qué sucede con la gente desesperanzada que ya no puede esperar más tiempo ni más oportunidades?
Y no es que no quieran esperar más, es que en las noticias dicen que el hilo se cortó, y no por lo más delgado: se cortó por donde parecía que nunca se iba a cortar. O tal vez, no se haya cortado y nosotros estemos siendo engañados por la prensa que maneja al poder político. En tal caso le creemos al diario digital.
He aquí el ejemplo de dos personas que no saben qué pasa con el hilo:
Se encuentran.
El primer año en una locación que no es la ciudad de ninguno de los dos. Hacen contacto. Se enamoran en tres días. Y en media hora se separan.
El segundo año, estas mismas personas en la misma locación del año anterior, que no es la ciudad de origen de ninguno de los dos, se vuelven a encontrar.
Se enamoran ¿de nuevo? y se vuelven a separar en un tiempo más prolongado a la media hora del año anterior.
Luego sobreviene un vacío de 25 años.
A esos dos primeros años lo llamaríamos destino sincronizado. Les dimos dos oportunidades. El resultado fue desaprovechamiento ocasional de las circunstancias. Jódanse ambos dos.
Take it easy. La era de la tecnología puede llegar a arreglar el resto. Pero no es así. Al encuentro cibernético suceden múltiples desencuentros presenciales.
Es decir: el destiempo. Y así los días negados se suceden intermitentemente hasta completar un tremendo ciclo de 30 años boyando.
Con ese ciclo descomunal sobre mis hombros, estoy con autoridad de decir que uno de los dos es satélite del otro; y que es muy probable que así siga siendo por los siglos de los siglos. A menos que un desastre estelar haga que ese satélite pueda salirse de órbita. Y aunque esto sucediera, nunca estaremos del todo seguros si ese hilo se cortó o no.
Tal vez la vida nos vuelva a engañar, y luego de dar unas mil vueltas alrededor del sol, descubramos que no hay más hilo para seguir viajando.
Al final, irse de parranda por ahí cuando el amor es un imposible de tres décadas es más difícil que la mierda. ¿Pero qué más podemos hacer?
Sobreviviremos darling, porque hemos llegado hasta aquí.
Parafraseando a Gabo: “¿Hasta cuando vamos a seguir en este ir y venir del carajo?”
P.D.: ¿Hilo rojo? Bueno, te lo dejo a vos el color. A mi me gusta pensar que es un hilo entre dorado y plateado, porque estoy segura está hecho de polvo de estrellas.
Patricia Lohin
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