El arte del No.

Publicado el 16 diciembre 2011 por Marga @MdCala

Nos cuesta decir NO, porque tal actitud conlleva la posibilidad -más que segura- de ser menospreciado por ésos a quienes negamos algo. La posibilidad de ser rechazado, criticado, desautorizado, burlado, ignorado e incluso abandonado. A mí siempre me había superado pronunciar un NO (y todo el circunloquio de palabras que representa no prestarse) hasta hace muy poco, ya que la opinión y valoración de la gente me importaba demasiado.

Afortunadamente he cambiado -con la madurez- y ahora pienso que quien no tiene algún enemigo gracias a sus ideas, es porque no tiene ideas. Ideas válidas, se entiende… El polémico y cortante Risto Mejide afirma en su Twitter, como presentación, que “Si cuando hablas nadie se molesta, es que no has dicho absolutamente nada“. Y algo de razón tiene, como casi siempre que abre la boca, aunque su personaje se exceda en las formas y para “molestar”  necesite llevar unas buenas gafas oscuras…

De hecho, si tantos mortales seguimos y admiramos a personajes (ambos ficticios) como el tal Risto o como el doctor House, es porque se atreven a opinar y decir eso que todos tenemos en la mente, y nuestra necesidad de ser queridos e incluidos nos impide defender más allá del propio pensamiento. Porque… ¿es acaso normal que unos seres tan bordes cosechen tantas simpatías, y su éxito se base en importarles un bledo -precisamente- lo que sus adeptos opinen?

Pero -ojo- sucede algo que también he constatado, después de tratar con diferentes personas y personalidades: para ser un “saborío” (“esaborío”, si el malaje ya es de nota) oficial y aceptado, debes contar con una inteligencia superior a la media y un cierto carisma/encanto/gracia que te haga perdonable a la audiencia. Hay quien suelta sus verdades en forma de impertinencias, con tan poco arte y escasa vista, que cae en el propio ridículo personal, definiéndose públicamente. Y lo peor del asunto es que no suele darse cuenta de ello.

Servidora, sin llegar a la pretensión de aislarse del mundo y del prójimo, sabe ya a quién y a qué decir NO, coqueteando con la bordería si es preciso o con el silencio si no es necesario tal extremo. El tiempo de la oportunidad político-familiar, las primas de riesgo y las amistades peligrosas, pasó.

Ahora se aproxima un Año Nuevo en el que espero encontrarme con seres humanos sin dobleces, intenciones escondidas, favores boomerang, o amabilidades de cartón-piedra. Se aproxima un Año Nuevo en el que espero encontrarme contigo, si eres tan auténtico como yo trabajo por ser algún día.

Gracias por estar ahí.