Revista Diario

El asesinato del Dir. Fristpatrik por la Sra. Fristpatrik…(Dawn)

Publicado el 20 septiembre 2020 por Mtevico


La luminosidad de la ciudad, cedía su resplandor amarillento a medida que se alejaba del centro del pueblo, extrañamente al entorno, la casa se mostraba cálida, semejaba una vetusta villa Mediterránea ,donde cenar a la luz de las velas, deleitándose en una tardía puesta de sol. Él se revolvió en su lado de la cama enfadado, furioso consigo mismo por tener en cuenta todavía, estos pensamientos.
En la quietud del dormitorio, le llegaba la respiración pausada, cálida de Ella, confiadamente dormida a su lado, cubierta apenas con un delicado camisón, que se le arremolinaba en la cintura… “Seguía siendo una gran Dama del cinematógrafo”.
Seductora , al menos a sus ojos, incluso ahora, cuando por efecto del calor del cuarto, se le formaban unas gotitas de sudor, sobre la pelusilla dorada del labio superior y en la línea de crecimiento del cabello. Destilaba candor e inocencia, quizás no tan a menudo como le gustaría que fuese.
Amelia no estaba dormida, sentía la mirada de su marido sobre ella, intentando discernir si fingía o no el sueño, intentando introducirse en su conciencia, en su cabeza…
Procuraba aparentar que estaba sosegada, sabía que su vida dependía de ello; hacía tiempo ya que recelaba, siempre atenta a sus frases de doble sentido, sus preguntas inquisidoras, sus sospechas. Se estremeció, al recordar las últimas horas juntos; habían cenado en el porche, viendo folletos de viajes por el continente, Ben se mostraba impaciente, presionándola para que decidiese la fecha , el lugar, los detalles que parecían entusiasmarle, mientras Amelia, no lograba dominar el frío y la inquietud por concluir la cena y meterse en la cama, a fantasear con el día siguiente.
El de su muerte.
El taxi remontaría la calle principal, a esas horas todavía frecuentada, por los que salen de su ocupación, presurosos a coincidir en los animados Pubs de la zona. Amelia iría a su encuentro en el trabajo, el Archivo de la Biblioteca y las Artes Escénicas y juntos caminar hasta su local favorito, donde reunirse con los amigos.
Ella sabía que sería su última copa juntos, Él lo había dispuesto así…Después, en su casa, en su garaje, sobre una cortina de ducha, Él la asesinaría.
Eran ya las 20:35 cuando se acercó al mostrador del amplísimo hall del edificio, el guarda de seguridad, la conocía sobradamente, era la esposa del Director, le indicó que su marido estaba en la sala de archivos de filmaciones, de la planta bóveda.
.- Buenas tardes Sra. Fristpatrik , puede tomar este mismo ascensor, la llevará directamente.
.- Gracias Raúl, que tal va tu guión? Para cuando el rodaje?.
.- Oh!, para dentro de tres semanas, estamos muy implicados.- le respondió él con una amplia sonrisa.
Benjamín Fristpatrik, oyó el ascensor y vio que la aguja se dirigía hacia el sótano, rápidamente, se situó en una zona de penumbra, detrás de uno de los pasillos abarrotados del subterráneo.
.- ¡Ben!.- le llamó.- al salir del ascensor y no verle.
Benjamín, a su espalda, iba avanzando lentamente, desde la línea de frío donde se almacenaban a 21ºC las bobinas procesadas, hasta la zona de índice bibliotecario, a escasos pasos de ella.
Alrededor de Amelia, las sombras engullían los primeros estantes de volúmenes, su instinto le hacía caminar cada vez más quedamente, para observar en la distancia, e intentar estar alerta a cada movimiento, que le pudiese llegar más allá del límite de unos pocos centímetros. Se dirigía al cuadro de luces, que estaba a unos quince pasos por delante, detrás de un laminado móvil del fondo de la sala, diez, nueve…, le parecía imposible atravesar aquella zona de oscuridad, los enormes ventanales laterales que se abrían al exterior y que dejaban pasar el fugaz brillo de las farolas del parque, quedaban ocultos por las extensas filas de estantes. La puerta se encontraba detrás de ella, junto a las mesas de lectura, en otro mundo, uno real de claridad y sin espectros.
Se obligaba a seguir avanzando, un paso más y su silueta ya carecería de sombra, todo a su alrededor serían sombras.- ¿Por qué no he cogido la linterna? – pensó –.
Estiró el cuello para intentar ver en la negrura, alargó ambos brazos y comenzó a caminar como una sonámbula entre los libros…
Algo parecido a un suspiro, la detuvo en seco, le erizo el vello, la espantó .- ¿Ben…? .- ¿Cabía la posibilidad que fuese allí el ataque?.- Otro quejido, quizás como una risilla floja, fue la respuesta. El pánico atenazó su lengua, solo pudo correr y lo hizo desesperadamente, dirigiéndose a la puerta de entrada, sintiéndose acechada, cada instante más cerca de su espalda, rozando sus cabellos, susurrando su nombre…
Una dolorosa laceración fue directa a su garganta, escuchó un repulsivo gorgoteo, antes, de comprobar que salía de su gaznate, antes, de darse cuenta que estaba muerto.
Amelia, desechó la hoja de acero de su mano, previamente a llamar muy alterada a seguridad.
Más tarde en su atestado declaraba.- ¡Ha sido inevitable!.- Sabía que iba a asesinarme esta noche…¡Sólo me he adelantado, me he defendido!.- añadía retorciendo sus muñecas, dirigiendo una sonrisa enajenada a los reporteros, intentando deshacerse de la sangre arterial de su marido, que amenazaba con gotear en sus fabulosos stilettos recién comprados.
Fin.


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