El cisne bicolor.

Publicado el 13 marzo 2011 por Marga @MdCala

Disculpándome de antemano por ser una gran ignorante sobre cine (entre otras muchas cosas), quisiera dar mi punto de vista sobre una de las películas que he presenciado, últimamente, en la gran pantalla. Que es donde mejor se puede sentir el cine...
Cisne Negro (Black Swan) de Darren Aronofsky, es la cinta que ha procurado un Óscar a Natalie Portman en la pasada Gala de 2011. A mi juicio es totalmente merecido, puesto que el film prácticamente es sólo Ella. Ella en sus dos vertientes, eso sí... pero Ella. El resto del reparto también cumple debidamente con el encargo de atraparnos en nuestras butacas, pero siempre se mantiene en un lugar secundario. Lo importante aquí es el afán de perfección de Nina: su salvaje afán de superación.
Ocurre que a veces en la vida, para ser lo máximo en lo que deseas, debes desechar todo lo demás, y ahí es donde se plantea el terrible dilema. ¿Merece la pena? ¿Ser la mejor de todos los tiempos pasados y la más sublime de todos los tiempos venideros, merece la pena...? ¿No es obsceno perder todo -y digo bien todo- por un sueño? Los pactos con el Diablo -sea quien sea ese Diablo- no suelen terminar bien. El demonio engaña como nadie y siempre se pasa a cobrar los intereses...
-Lo Blanco/positivo: La historia, la trama y la música me apasionaron. Las escenas finales -increíbles- son una elevación del espíritu de cada uno de los perplejos asistentes a la proyección. Nuestras espaldas ya no podían unirse más a nuestros asientos. La tensión te domina y te agota. Literalmente. Para el cuento y su interpretación, por tanto, un diez. Genialidad en sólo dos colores.
-Lo Negro/negativo: La realización. Coincido con quien asistí a la función única de El Lago de los Cisnes en que los continuos movimientos de la cámara no sirven sino para cansar y marear al espectador. No son necesarios para identificarnos y subjetivarnos más. Cuando caminamos, no saltamos -como parece que haga Nina-, nos desplazamos sin mayor brusquedad, de forma natural. La cinta, grabada como si de una película antigua se tratase (con grano en abundancia, simulando mala calidad), tampoco nos convenció. Puede situarse una historia en los años 60, 70 o cualesquiera que se desee, sin utilizar los defectos primitivos de aquellos tiempos. La serie Cuéntame es un buen ejemplo, Darren, si se me permite la comparación. Para la técnica empleada, por tanto, un cero. Drástica que es una.
Y un último apunte: Vincent Cassel es un convincente director de escena. Es capaz de hacer creer a una frígida e insulsa bailarina que puede llegar a ser Perfecta.
Pero la perfección no pertenece al ser humano. Ni siquiera al mundo animal, querido cisne bicolor...