Un sonido sordo primero, después, el estruendo fue ensordecedor. Las caras de aquellos hombres, agazapados, no debía de diferir de la mía. Comprendí que moriría lejos de mi hogar; el patriotismo de algunos me había condenado a morir.
Revista Talentos
Estábamos alcanzando la playa. El ligero vaivén del agua balanceaba la lancha.
Un sonido sordo primero, después, el estruendo fue ensordecedor. Las caras de aquellos hombres, agazapados, no debía de diferir de la mía. Comprendí que moriría lejos de mi hogar; el patriotismo de algunos me había condenado a morir.
Un sonido sordo primero, después, el estruendo fue ensordecedor. Las caras de aquellos hombres, agazapados, no debía de diferir de la mía. Comprendí que moriría lejos de mi hogar; el patriotismo de algunos me había condenado a morir.
