Revista Talentos
Nunca los veíamos; pero ellos vigilaban nuestro mundo sin descanso. Siempre estaban allí. Esperando a que se escapara una pelota, a que el viento derribara las murallas o a que alguno de nosotros, los más pequeños, mientras la madre contaba hasta cien, corriera a esconderse más allá de los límites.
