El extranjero

Publicado el 14 septiembre 2018 por Pedro Sánchez @kbyte

El día había transcurrido de manera habitual y el reloj estaba por marcar las cuatro de la tarde. Sin pendientes y con las tareas diarias resueltas, aquel hombre se agacho para cerrar su oficina. Saco el celular de su bolsillo y envió un par de mensajes.

—¡Hola!, nos vemos en el autobús. Muero de hambre.

—¿A dónde me vas a llevar a comer?

—Jajaja, aún no he pensado.

—¡Sorpréndeme!

Minutos después, en el autobús, la mirada penetrante de una linda chica se fijaba en el rostro distraído de un hombre, evidentemente mayor que ella. Las miradas se cruzaron y así, él supo en qué lugar sentarse.

—¡Por fin!, ¿Cómo estuvo tu día?

—Tranquilo, ya sabes. Escribir el artículo, hacer un PCR, ir a la oficina de un chico a distraerlo y comérmelo a besos en el elevador —contesto ella.

—Pues que afortunados —respondió y sonrió él.

El autobús llego a la última estación y la pareja descendió discretamente, como dos desconocidos. Avanzaron algunos metros sobre la avenida y automáticamente sus manos se encontraron y se entrelazaron firmemente ya que, se sentían seguros y sin ser observados.

Algunos minutos transcurrieron y cual caminantes del mayab, estaban en frente a su lugar favorito: “El extranjero”.

“El extranjero” era una mezcla rara de bar, pero con un toque de restaurante de comida casera, pero con visos de cafetería atrapada en los noventas. Un lugar muy bohemio e iluminación tenue con espacios amplios y buena separación entre mesas, algo que funcionaba y agradecían aquellos que querían más privacidad.

La pareja se dirigió a su mesa preferida, una que los esperaba en el rincón de bajo una lampara que iluminaba tenuemente el lugar con un color naranja, como los atardeceres y de fondo una fotografía vieja de María Félix, quien fuera testigo de tantos secretos de esa y otras parejas que coincidían en ese lugar.

Después de comer y beber a placer, durante la sobremesa planearon que hacer y entre miradas lascivas y risas insinuantes, acordaron ir a la casa de ella, donde comerían el postre. Pagaron la cuenta y pidieron al chico que los atendió que les llamara un taxi para después perderse entre las sombras de la recepción de “El extranjero”.

Continuará…

Imagen: Pexel | Pixabay.com