
El gran proyecto
Tenía que terminar lo que estaba haciendo. Ya había pasado un cuarto de hora desde que, cansada de vocear, no lo esperó y cenó sola, como tantas veces en los últimos meses, desde que él empezó su gran proyecto. Conocía sus “ya voy”, “un momento” y los “ahora mismo”. También sabía que eran contestaciones soltadas por la boca del autómata en el que se había convertido su esposo. Meses sin cenar con él, sin dormir con él, sin hablar, sin vivir con él. “¡Ya está! ¡Lo logré!” Dijo satisfecho al tiempo que se oía el golpe de la puerta de la calle. Su proyecto, en el que invirtió tanto tiempo y energía, llegó a su fin.
Torcuato González Toval.
