Revista Talentos

El hombre de las dos eles

Publicado el 18 junio 2021 por Nuria Caparrós Mallart @letrasyvidas
El hombre de las dos elesImagen: Anne Nygard

Es junio 19 de 2016, domingo, Día del Padre.

La última vez que Elena lo vio era domingo y platicaba con él en la calle de Golf esquina con Atletas, en la colonia Country Club. Ese día, Elena había ido a comer con su marido y su pequeña hija, se ponía el sol y su padre estaba recargado en el poste de cemento color rosa con el nombre de las dos calles, mirando al horizonte. Cuando se acercó a él no recuerda si lo tomó por la cintura, pero sí una frase: «Un día más, un día menos».

Para el martes, Elena ya no tenía papá. Su padre, Manuel, no resistió un aneurisma fulminante en la aorta, a pesar de su previo checkup y de la atención que recibió del prestigiado doctor Handam.

Muchos años después, Elena se bajó del Metro en la estación Zapata y decidió caminar hasta su casa en la colonia Del Valle. Era domingo, Día del Padre, y pensó que caminar le ayudaría a olvidar esa fecha, pero era difícil porque días antes le había llegado a su casa propaganda sobre los diferentes «tipos de papás»: que si el papá cool, que si el papá deportista, que si el papá ejecutivo. Para todos había grandes ofertas y regalos: corbatas, tenis, lentes para el sol, lociones y mucho más.

Ese día, muy temprano, encendió una veladora que colocó sobre el trinchador del comedor, junto a la foto de su padre. Ahí lo acompañan para siempre una imagen de su esposa Mari Carmen y otra de sus suegros, Laura y Ramón, varios rosarios y unas flores. San Pedro lo llamó en la plenitud de su vida: apenas tenía cincuenta y dos años.

Recuerda que cuando su padre murió, en la iglesia se escuchaba el taconeo de sus zapatos sobre el piso, pues Elena movía los pies para sosegar su alma. Desde ese día no cree en Dios ni en los santos, y en más de veinte años no ha regresado al panteón donde él duerme al lado de sus padres, Luis y Sara.

Por eso, ese día Elena salió de la estación del Metro Zapata y caminó hacia Liverpool de Félix Cuevas. Iba huyendo de la nostalgia. Casi al llegar a la puerta principal del almacén, en la esquina de las calles de Oso y Parroquia, se quedó sentada por un instante en una banca; desde ahí le pareció ver algo tirado en el suelo: pensó que era una bolsa de basura. Conforme se acercó al logotipo de Liverpool, grabado en el pavimento, se dio cuenta de que lo que había en el suelo era un hombre.

Estaba acostado boca abajo, con el torso desnudo y un pantalón que había sido blanco y ahora lucía gris. Yacía en el pavimento con los brazos morenos extendidos; parecía un Cristo recién caído de la cruz de madera. Su cuerpo inerme tapaba las dos eles del logotipo de la tienda departamental.

La gente que estaba sentada en las bancas esperaba que dieran las once de la mañana para entrar a Liverpool y comprar los regalos para papá. Algunos veían al hombre y se volteaban sin hacer absolutamente nada por él.

Conforme Elena se acercó, descubrió que había agua bajo su cuerpo y que escurría por las dos eles del logotipo de Liverpool. Fue entonces que se dio cuenta de que dormía caliente, cobijado por sus propios orines. Parecía un hombre perdido en los sueños de su embriaguez.

De repente, un policía uniformado se acercó al hombre de la calle para decirle que se quitara del logotipo. El hombre se despertó súbitamente y se levantó haciendo una caravana al policía, como si fuera un antiguo poblador de San Lorenzo Xochimanca, hoy colonia Del Valle.

Elena pudo observar su cuerpo delgado y su piel color bronce. Apenas y alcanzó a mirarle el rostro. Sus dientes eran blancos, sus cabellos se veían quemados por restos de sol y sus pantalones sucios rozaban la raya de sus nalgas.

Con paso veloz y gallardía el hombre huyó corriendo y, en segundos, se perdió entre las calles. En ese momento, Elena alcanzó a escuchar la voz del policía que decía por su radio:

—Aquí trescientos cincuenta y dos. ¿Me escuchas? Siete corriendo a la calle.

Eran las once en punto y las puertas de Liverpool se abrieron; porque «es parte de tu vida» y los regalos del Día del Padre esperaban a los ansiosos compradores.

Elena se preguntó a dónde se había ido el hombre de las dos eles, quién era su padre, si lo había abandonado, o él era padre y se abandonó a sí mismo. Ni siquiera supo cuál era su nombre; para ella, siempre sería «el hombre de las dos eles», y pensó: «¿Qué será de él? Nunca lo volveré a ver».

Quería encontrarlo para decirle: «Disculpe usted, no le pedí permiso y mientras dormía le di tres o cuatro clics a la cámara de mi celular para captar su imagen. Perdóneme señor de las dos eles, yo nunca quise robarle su alma, pero usted quedó atrapado en mi corazón y siempre lo recordaré donde quiera que esté».

En 1962 se inaugura Liverpool Insurgentes… Los espacios que forman las líneas de su logotipo aluden a los departamentos de una tienda, como laberintos simétricos y ordenados. El naranja combina la energía del rojo con la felicidad del amarillo. Se le asocia a la alegría, el sol brillante y el trópico. Representa entusiasmo, la felicidad, la atracción, la creatividad, la determinación, el éxito, el ánimo y el estímulo. El dicho popular: «lo ves todo de color rosa» refleja fielmente su significado: ingenuidad, bondad, ternura, buen sentimiento y ausencia de todo mal.

Colaboración de Carmen Lloréns Fabregat para Inspirando Letras y Vidas


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