Revista Talentos
Dos veces había herido Selim Pamukoğlu al comandante de los arcabuceros enemigos. Una bala le había destrozado la mano. La coraza había amortiguado la otra. Selim apuntó cuidadosamente y disparó una última bala. El proyectil se estrelló en la cabeza de Miguel de Cervantes, que ya nunca imaginaría el Quijote.
