
Pensando en este fin de semana hubo un momento muy especial en él, de esos instantes que suceden sin más y son perfectos. La soledad de una playa casi vacía, perdida entre mis pensamientos con mi música, empezó a sonar una canción que me agarro por dentro como si en ese momento alguien me abrazase con fuerza. Es de esas canciones que jamás escucho adrede, siempre dejo que sea el destino la que la ponga en mi cabeza. Me emocionó mucho esa preciosa casualidad y durante esos cuatro minutos, aunque se hubiese parado el mundo, no habría dejado de sonreír.
