Últimamente los niños no duermen tan bien ni tan seguido como antes. Ya sea por el calor, o por el cambio de rutinas veraniegas, no hay noche que no nos despierten los llantos. Además Luke desde hace ya unos días no quiere acostarse, se resiste, llora y grita desconsolado para que no lo dejemos en la cama. No sabemos si son pesadillas, que empieza sentir miedo a la oscuridad, o simplemente que no quiere que acabe la diversión que supone estar despierto, corriendo y jugando todo el día. Supongo que como siempre, está pasando una racha. Y espero que se le pase en poco tiempo. Porque llevamos toda la semana sin dormir más de 2 ó 3 horas seguidas, y esta noche ha sido de aúpa. Miedo me da cuando mamá vuelva al trabajo.
La pequeña Leia ha empezado bien su relación con su cama, desde el primer día como si durmiera ahí hace meses. A sus anchas y feliz de la vida. Por ahora sólo Luke se ha caído entre las dos camas. Menos mal que entre cojines y almohadones preventivos, la cosa no ha ido a mayores. Es lo que tiene dormir inquieto y despertarse cada cierto tiempo. Y raro es el día que no termina durmiendo ya de madrugada con nosotros. A ver si pasan estas noches sofocantes de veinte y muchos grados y volvemos a recuperar un poco la normalidad.Por el momento, mis niños ya duermen en su cama, como los mayores. Ya son un poco más mayores.
