Ayer el Piojo tenía la fiesta de disfraces en la guardería. Ayer no fue tan fácil disfrazarlo como el año pasado o Halloween. Ayer no quería ponerse el gorrito de pingüino. Siempre le ha gustado lo de llevar gorritos, precisamente uno de sus juegos favoritos es ponerse un casco vikingo. Sin embargo, ayer luchaba contra el gorro. Me costó un buen rato terminar de vestirlo. Cuando me di cuenta corría alrededor de la mesa del comedor, muerto de risa, huyendo de mí y ,claro está, del gorro.
A media mañana tenían un mini-pasacalles y nos pidieron a unas pocas mamás que fueramos a ayudar, para llevar los carritos de los nenes más pequeños.¡Me tocó llevar un carro gemelar! Uff, hasta escalofríos me dio imaginándome la situación. Teníamos claro que era una posibilidad la de tener gemelos, mi padre es gemelo, pero una cosa es tener dos y parar y otra sería ir a por otro hijo y de pronto tener¡¡¡¡¡¡dos piojos más!!!!!!
¡Aaaaaaaaaah, los pelos de punta sólo de imaginarlo!¡No cabríamos todos en nuestra cama!¿¿¿ Además tanto piojo junto ya sería una plaga!!!
Mi piojillo me dio una grata sorpresa.En realidad un par. Una llevaba el gorrito puesto, se lo dejó puesto todo el rato, eso sí, sin abrochar.¡No hay que pedirle peras al olmo!Y dos me vio con el carrito y no se puso a llorar porque quisiera venir conmigo, ni renegó porque llevara a unos niños que no fuera él, al padre le monta unos pollos increíbles si me besa,¡mííaaaaa!¡mamáaaaaa míaaaaa!
Ayer,sin embargo, iba con su seño y no dijo nada, muy formalito él. Tras el pasacalles se quedaron de nuevo en la guardería donde tenían una fiesta con baile incluido. Ahí ya no estábamos los papis,¡ pena no haberlo visto!