Revista Talentos
Mi cuñada Lupe imitaba tan bien a los jabalíes que resultaba imposible diferenciar sus gruñidos. Durante años colaboró generosamente en todas nuestras cacerías, y seguro que lo seguiría haciendo de no ser por aquella mañana en que mi tío Luis —excelente tirador, por cierto— olvidó en casa sus gafas graduadas.
