Los monjes, con movimientos casi dolorosos a la vista, se desplazaron hacia un lugar donde había una mesa con muchos materiales al más puro estilo alquimista, uno de ellos trabajosamente abrio sus labios y me dijo: tienes aqui todo lo necesario para aprender...
Me acerque a la salida, y de mi se apoderó un terrible miedo al ver a la altura en la que me encontraba, y ellos me incitaban a arrojarme. Justo antes del salto, vi tres esferas de color negro que se estrellaron en las faldas de la montaña, y está, comenzo a desintegrarse de abajo hacia arriba.
Sin saber porque, mi instinto de supervivencia me orillo a arrojarme al vacío. Estos seres oscuros consumieron la montaña, el conocimiento ancestral, pero guardaron dentro de mi parte de esos secretos, que día a día, me esfuerzo tenazmente en recordar...
