Publicado el 10 octubre 2015 por 50palabras
@50palabras_
—¿A qué te dedicas? —preguntó Andrea con voz ingenua. —Escribo cuentos de cincuenta palabras, —respondí prendado de sus límpidos ojos de avellana y su piel de seda. —¿Puedo leer uno? —Sólo si me das un beso. —Quieres comprarme un beso. —No, preciosa, quiero venderte el cuento más viejo del mundo.