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El voto o la vida

Publicado el 11 julio 2013 por Durruti

Hoy, mientras paseaba por una calle en obras de mi ciudad llena de escombros y zanjas y vallas pensaba en la devastación que se debe sentir al vivir en una ciudad en guerra. Porque las guerras las declaran los países pero las sufren las ciudades. Enseguida recordé un artículo que había leído hacía poco sobre la devastación que se está produciendo en Grecia. Una bajada a los infiernos en un país que hace cinco años disfrutaba de un 4,4 % de paro y un aceptable estado social del que ahora se discute si degradar su condición internacional a país en vías de desarrollo. La violencia y devastación con que se ha producido todo nos deja en un estado de shock crónico que impide razonar y mucho menos reaccionar. No se ha producido una guerra, ni un desastre natural, ni una invasión extraterrestre. Han sido los políticos, empresarios y la clase dirigente en general la que ha vendido su país a los poderes financieros globales. Esa misma clase dirigente que enarbola la bandera del nacionalismo y está en connivencia con partidos como Amanecer Dorado, ultranacionalistas y abiertamente racistas. Que profunda es la herida que ha quedado y para ello no se ha producido un golpe de estado, ni un pronunciamiento militar, ni ningún asalto a los cuarteles de invierno. El Memorándum del rescate griego pactado con la Troika ha sido aprobado por votación del parlamento. Un parlamento vendido expresión de una sociedad alienada. Unos representantes que han sido elegidos en una de las pocas manifestaciones de democracia que aún se tolera en este continente podrido. Unos votos emitidos desde el miedo y la ignorancia que son cómplices silenciosos del estado de devastación general. Que hubiera pasado si toda esta gente hubiera votado por otras opciones políticas? Se hubiera aprobado el Memorandum? Estaría hoy Grecia en peores condiciones? Es difícil saberlo pero lo que está claro es que si la ciudadanía hubiera emitido su voto con otro sentido la Troika no lo hubiera tenido tan fácil para intervenir en el país. Aquí en España tenemos un ejemplo histórico que puede ser revelador de la verdadera importancia del voto. Durante el corto espacio de tiempo que duró nuestra última experiencia republicana tuvimos varios gobiernos efímeros que podríamos dividir en dos periodos. El bienio progresista donde llegó al poder el frente popular dando lugar a una serie de reformas y modernizaciones del estado borbónico. Pero durante el segundo bienio el electorado viró el sentido de su voto provocando que entrase en el gobierno un partido como la CEDA abiertamente monárquico y antirrepublicano. Hay tres explicaciones generales que se dan a ese cambio en el electorado. La promulgación del voto femenino inclinado por partidos católicos, la desunión de los partidos de izquierda que en el primer bienio habían concurrido unidos, y la intensa y agresiva campaña de abstención promovida desde la CNT y demás sindicatos anarquistas que proponían el "cuanto-peor-mejor" como estrategia política de desestabilización de la república. Como defienden historiadores como Diego Caro Cancela en el caso de Andalucía esa campaña de abstención fue decisiva para inclinar el voto hacia partidos radicales como el de Larroux de derecha católica monárquica que iniciaron el desmantelamiento de las reformas promovidas durante la primera legislatura. Más tarde en las elecciones de 1936 la CNT no apoyó la abstención sino el voto al frente popular y éste obtuvo mayoría, pero ya fue demasiado tarde. Ese apoyo explícito de la CNT a la abstención durante las elecciones del 34 desactivó uno de los pocos mecanismos con que la ciudadanía podía participar en los asuntos de estado. Las reformas estaban en marcha, el pueblo tenía claro el camino, pero el parlamento se llenó de antirrepublicanos. Se produjo una discordancia entre el gobierno y los gobernados. El estado es el enemigo, no hay pacto posible, no hay transición, un pensamiento lógico en unos súbditos de la monarquía borbónica católica sin apenas conocimiento de la cultura republicana de participación y ciudadanía.

Ochenta años después la CNT continúa sus campañas de abstención activa. La influencia en la sociedad de dicho sindicato ha menguado pero la crisis institucional que vivimos no ha hecho más que incrementar el número de abstencionistas. Quienes ya no creen que el estado les pueda ayudar y lo equiparan con los políticos que lo dirigen. A muchos de nosotros nos gustaría que el estado desapareciera, junto con la propiedad privada y el dinero, son cosas que están ahí desde la noche de los tiempos, realidades inalterables como el color del cielo o el olor del mar de las que no podemos huir por mucho empeño que pongamos. Podemos empecinarnos en no ver la realidad pero eso no la hará cambiar. Hay compañeros por todo el estado repartidos por sindicatos, asociaciones civiles, mareas sociales, 15M, etc... que están empeñados en cambiar el estado desde fuera y se niegan a participar en el acto electoral como un último desacato a la falsa democracia. Todos conocemos el valor de nuestra democracia y la falta de valores cívicos de nuestros gobernantes pero esa verdadera mayoría social que existe en nuestro país no está como cree el PPSOE de su bando sino más bien de los que maliciosamente se han llamado movimientos antisistema, y su infrarrepresentatividad en el parlamento es una de las causas de la actual crisis sistémica que se vive.

Vistos estos hechos mi reflexión es la siguiente: si durante las elecciones de 1933 gobernó la república un partido radicalmente antisistema que, pego textualmente de la Wikipedia : La CEDA seguía la corriente de opinión, ya manifestada dentro de Acción Popular, partidaria de aceptar las instituciones republicanas, a pesar de la procedencia monárquica de muchos de sus miembros, para la defensa, desde dentro, de sus intereses sociales y económicos.

Es tan fácil como eso. Utilizar todos los medios disponibles para acceder a sus objetivos o conseguir acercarse a ellos. Muchos tenemos la idea romántica de la toma de la bastilla como objetivo utópico del fin de esta guerra de clases llamada crisis financiera, pero debemos ser consecuentes con la época y comprender que el tiempo está de nuestro lado, la descomposición del sistema no hace más que consolidar una alternativa social que ya existe sin cohesionar en las calles. Todos los grupos de defensa cívica, las PAH, el 15M, los movimientos ecologistas, las redes de comercio local, las monedas sociales, el movimiento okupa, los jornaleros andaluces, las CUP, todo ello articulado en torno a la sociedad del conocimiento con su configuración descentralizada y en red nos está enseñando un nuevo paradigma que deja absolutamente obsoleta la antigua estructura burocrática jerarquizada de democracia burguesa. Esa antigualla oxidada palidece ante las posibilidades de organización y creación humana de los nuevos paradigmas. Sólo hay que empezar a hacerlo realidad con nuestras acciones, y muchos somos conscientes de ello. y por eso vemos en el estado un freno a nuestros objetivos cuando realmente podría convertirse en un instrumento de defensa de nuestros intereses sociales y económicos como pragmáticamente promulgaba la CEDA. Por qué no podemos votar todos al partido más a la izquierda del arco parlamentario? Pongamos IU por ser de ámbito estatal pero podría ser tb las CUP en el caso catalán. Seguramente no consigamos todos nuestros objetivos, pero es más fácil trabajar con un gobierno más colaborativo que dejar en manos de los reaccionarios toda la maquinaria institucional del estado. Porque eso es lo que ha pasado, en las últimas elecciones generales ganó la abstención, pero subió al poder con mayoría absoluta el PP. Y ahora pagamos las consecuencias. Si quien hubiera gobernado hubiera sido una coalición PSOE-IU seguramente la toma de la bastilla no habría sido posible, pero tal vez tendríamos ya la dación en pago y nos resultaría más fácil articular una respuesta social, sin la extrema represión de los reaccionarios. No lo podemos saber, pero si podemos intuirlo viendo lo sucedido en Andalucía donde sí se produjo dicho pacto de gobierno. Realmente no ha sido un cambio revolucionario pero ya hay tímidas iniciativas como la insuficiente expropiación de tres años a los bancos de los pisos de los desahuciados, o el banco de tierras, o la supresión del acueducto de Doñana. Pequeños gestos que realmente no solucionan nada pero al menos consuelan de la extrema agresividad de los gobiernos reaccionarios del PP. Y mientras tanto la sociedad civil movilizada continúa su trabajo, y la presión a esos gobiernos progresistas debería ser más intensa si cabe que a los gobiernos reaccionarios. No es un gran compromiso ir a depositar un papel una vez cada cuatro años en una urna, a nadie se nos caen los anillos ideológicos con ese gesto, y podemos cambiar el sentido del voto en función de los partidos más afines, un año voto a IU, otro al partido pirata o cualquier otro que defienda nuestros intereses de clase. El fin del bipartidismo es el principio de esta nueva transición, los nuevos partidos deberían ser capaces de movilizar a ese electorado abstencionista mayoritariamente de clase baja que se beneficiaría de sus políticas redistributivas. No puede ser que el día de las elecciones salgan masas de monjas y viejecitos en sillas de ruedas por doquier para votar a reaccionarios y que jóvenes y clase baja prefieran estar viendo el gran hermano o el último partido de liga. La CNT en lugar de persistir con sus tradicionales campañas abstencionistas debería irse a los barrios obreros de las capitales y hacer prender entre los desheredados la chispa de una conciencia social y de ciudadanía que les haga entender que forman parte del estado y qué tienen derecho a exigir una vida con libertad y dignidad. La articulación en partidos o sindicatos de esa conciencia de clase ya es harina de otro costal, y no tiene porque ser una cuestión de fidelidad inquebrantable, si un partido nos defrauda siempre podemos probar con otro diferente. No debemos dejar las estructuras del estado en manos de los partidos y sindicatos verticales que actualmente están vendidos al capital internacional. Un voto no cambia la forma de lucha ni de compromiso. Se puede votar, militar en movimientos sociales, en sindicatos libres, y llevar a cabo movilizaciones o acciones más radicales, todas estas acciones no tienen que ser ni son incompatibles entre ellas. El cuanto peor mejor sólo lleva al sufrimiento de los de siempre. Las formas de lucha cambian pero los objetivos siguen siendo los mismos.


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