
En tres actos.¡Eres una tortuga! ¡Contigo nunca llegaremos! Fin. Lluvia de aplausos. La obra fue magnífica, un alegato sobre el amor. Al encender las luces noté que alguien fijaba su vista en mí, me giré y la vi. Su forma de mirarme era indicio de su interés, no sé, me doy cuenta enseguida de esas cosas. Muy joven y bella, pero tenía ese algo, como una sabiduría en el rostro que sólo se adquiere con la edad. Era perfecta. Tras unas palabras hábiles de presentación hice que se desprendiera de sus acompañantes, cenamos juntos y después, champán y hotel. Ya dormida la observé, serena y dulce. Até un calcetín a otro y con ellos rodeé su cuello. No sufrió señor Juez.
Torcuato González TovalEste relato participó sin éxito en el Concurso Microrrelatos de Abogados de Octubre 2010.
