En fin, todo iba como lo dicta la costumbre, hasta que el muerto despertó.
El funeral transcurría normal. A la vieja usanza, las tías montaban la escena del llanto; algunos parientes, con sonrisas aburridas, se ponían al corriente, café en mano. Otros oraban por el descanso eterno del tío difunto.
En fin, todo iba como lo dicta la costumbre, hasta que el muerto despertó.
En fin, todo iba como lo dicta la costumbre, hasta que el muerto despertó.