Había empezado a balbucear mis primeras palabras cuando mi madre se empeñó en que aprendiera inglés. Luego vinieron el francés, el alemán, el italiano, árabe y por fin, chino mandarín. Entender a Joyce, Zola, Goethe, Pirandello, Averroes y Confucio y encontrar indescifrable, ininteligible, incomprensible lo que quiere decir mi madre.