Es hora de comer fideos

Publicado el 04 julio 2010 por Mqdlv
Los que confiamos en que la apuesta no sube,
que se da en banca horizontal,
no nos elevamos
ni hasta la terraza a descolgar la ropa.
La dejamos secar
entorpecida entre broches
porque confiamos en que
va a encontrar su lugar
para humedecerse o brillar.
La escalera es escalera:
está inclinada sobre sí;
para subir hay que gastar fuerzas,
sostener el aire,
insistir,
a lo mucho pasar de a dos escalones y gritar hurra,
controlar el aire,
quemar intuición,
gastar energía y, finalmente,
llegar a una terraza vecina
iluminada con caireles berretísimos
y ver,
aislado y con displicencia,
un panorama
que ya se conocía estando en la popular,
pero esta vez desde la lejanía celestial
(el cielo queda lejos y es histérico, asumámoslo de una vez),
en donde sólo hay nubes grises
eructándote en la jeta.
Preferimos no gerenciar,
no nos gusta la vigilancia
y entendemos
que no queremos perdernos de nada
de todo eso que está al costado,
tal vez a millones de kilómetros,
pero kilómetros rasos por los que se puede ir,
despacio,
mirando el entorno,
recolectando alguna fruta:
mandarinas y saber.
No trocamos nuestra mejor edad
-o en definitiva la vida-
que nos tacha palitos en la oreja
por trepar sobre sacrificios
como figuritas repetidas:
no queremos
no
ser parte del álbum modelo 2000.
Comemos fideos
y les metemos puerro y crema
para darle un mejor sabor.