El año pasado tomé la sabia decisión de integrarme al programa 𝗔𝘂𝘁𝗼𝗿 𝗱𝗲 𝗘́𝘅𝗶𝘁𝗼 (ADE) de la gran escritora Alejandra Castrillón. Más allá de sentirme acompañada en mi proceso creativo y de volver a encontrar motivación en la #escritura, aprendí que escribir es un acto de amor y de respeto hacia mí misma.
Hay #textos que no buscan #corrección, sino ser escuchados. Yo también lo necesitaba, hacía demasiado tiempo que había dejado de lado algo esencial: sentirme presente en mi propia vida.
La escritura es un don, un #talento que necesita entrenarse, como casi todo. Y el talento es un acto de #presencia y de #soberanía. Es el reconocimiento de la propia existencia, un modo de estar conmigo y de amarme cada día un poco más. Es descubrir que cada jornada es una oportunidad para hacer las cosas de manera distinta: corregir, reinventarse, borrar y modificar lo necesario, porque la vida no es lineal.
Escribir es reconocer lo nuevo que emerge, aceptarlo y honrarlo con #palabras. Desde ahí escribo: desde el respeto profundo por lo que soy, por lo que pide ser dicho, sin ser forzado.
La escritura me ha enseñado a soltar la autoexigencia, el control y la obsesión por la palabra perfecta; a sostener ese punto de quiebre, a normalizar lo equivocado, a mostrar el temblor. Y sí: escribo porque acepto lo que soy y honro lo que digo. En este gesto también respeto a quien me lee y abrazo mi condición humana, sensible y frágil. Soy humana, con todas las letras.
© Nuria C. Mallart
#escrituracreativa #escribir #palabras #respeto #soberanía #letras #marcapersonal #comunicacióneficiente
