—También eran terroríficas las cosas que sucedían entre los autores de la Generación Kindle, nieto mío. Y no estoy hablando del tema de sus libros, sino de los serruchos con los que algunos de nosotros teníamos que lidiar. Unos cuantos se disfrazaban de lectores y escribían bajo seudónimo unos comentarios en Amazon que eran para desanimar a cualquiera a seguir escribiendo. Otros inflaban la cantidad de libros que vendían, algunos hablaban mal de sus compañeros, y no hablo solo de escritores, también los lectores empezaron a formar parte de esta Generación Kindle en la que ellos empezaron a tener voz y voto.—¿Los lectores?—¡Claro!, ¿cuándo antes se había visto semejante bochinche? Lectores, escritores, ensayistas, poetas, piratas, reseñadores, cantautores (y eso que no te hablo de Bob Dylan quien se ganó el Premio Nóbel, solo para que te des cuenta de la época en la que vivíamos), un desfase total, lectores que se convirtieron de noche a la mañana en críticos literarios, correctores y padrinos de la novia. Unos escritores que decían que estaban negados a la promoción y otros que se la pasaban todo el día Twiteando sus libros…—¿Twiteando? ¿Qué es eso?—Es difícil de explicar, pero hasta yo andaba metida en ese berenjenal: novela que me gustaba, novela que promocionaba en Twitter, una plataforma gratuita en la que podíamos hacer publicidad de todo cuanto fuera leíble y no leíble también. Y es que cuando le agarrabas gusto, ingresabas a una especie de Hermandad Twuitera.—¿Y no usaban Facebook? He oído mucho de eso.—Claro que sí, todo lo que sea gratis y estuviera disponible. En Facebook a veces se armaban unas discusiones descomunales en la que no faltaban los insultos, entonces automáticamente aparecían los bloqueos y las amistades dejaban de ser amigas, así no te enterabas de lo que hablaban a tus espaldas.—¡Fue una época muy divertida, abuela!—Claro que sí, al menos yo la veía así. Hasta tenía un programa de radio llamado “La Hora Amazónica” en la que entrevistaba a escritores, lectores, y mira que yo jamás había sido locutora, pero era una época en la que nos creíamos capaces de todo.—¿Y qué pasó con Amazon?—Compró un grupo de editoriales y empezó a seleccionar a los escritores cuyos libros más se vendían, lo cual fue transformando la empresa en una editorial en la que había que firmar un contrato si la novela había pasado por la criba editorial, es decir, igualita que las otras, con la diferencia de que esta tenía un programa de promoción de apoyo para sus autores en una plataforma con millones de afiliados. Y es que Bezos no daba una puntada sin hilo. —Qué bien, abuela, ya sabes que soy tu fan número 1. ¿Hasta cuándo vas a escribir?—Gracias, Pepe, escribiré hasta que muera. Todavía tengo mucho que contar, y sé que hay otros como yo que harán lo mismo, porque la escritura no es solo un pasatiempo. Es una carrera de fondo y no se termina porque no hayas vendido ni una hoja. Se termina cuando sientes que ya no tienes de qué escribir; eso sí, tienes que divertirte cuando lo haces, de lo contrario sería una tarea tediosa, como algunos libros que todavía circulan por ahí.Diciembre 15 de 2044.
