Que infamia, se quedó mirándome, explorándome por dentro, mordiendo mi labio entregado, nunca pude escapar, fue tan impresionante que sus dientes afilados traspasaban mi pequeña lengua. Luego supe que la pasión de sus besos era sanguínea. Sigo incrédulo de su placer. El médico todavía no descarta contaminación vampírica por beso.