Revista Talentos
Como ninguno de los dos quería dar su brazo a torcer, el Australopithecus le propuso a Dios que se hicieran la prueba de ADN, para dilucidar su disputa sobre la paternidad del hombre. Dios se negó: no necesitaba probar nada. Él conserva un certificado de nacimiento, expedido por la fe.
