—¡Magnífico! —respondió la muchacha, comparando las fotografías.
En ambas, ella posaba frente al Coliseo. Sólo en una, del brazo de un apuesto joven. Sus conocidos jamás sabrán que viajó sola.
—¿Podría conocer al chico?
—Claro, está detrás de usted.
El muñeco de silicona yacía sobre el mostrador.
