Fotos con historia

Publicado el 26 julio 2012 por Carloslorrio

Después de la entrada sobre Robert Doisneau y su famoso beso, hoy rescato otra foto tan icónica como aquella.
Hay fotos que trascienden más allá del momento en el que fueron tomadas, incluso de la época en la que la acción se desarrolla. Pasan a convertirse en iconos, en imágenes para la historia que todo el mundo conoce. Es sencillo encontrar réplicas de ella, a cualquier tamaño, en tiendas de decoración, de hogar, de regalos… Hasta es probable que algunos de vosotros la tengáis en casa, como poster adornando algún rincón de vuestro hogar.
Pero seguro que si hacemos una encuesta entre la mayoría de las personas que la han visto, incluso los que la han comprado, encontraremos que sorprendentemente muchos no sabrían decirnos el nombre del autor.Lewis Hine es, posiblemente, el padre del reportaje social. O mejor dicho, es quien sabe sacar el mejor partido de la herramienta que el reportaje social podía representar. Uno de sus primeros trabajos fotográficos lo hizo en la famosa Ellis Island. El islote, emplazado frente al puerto de Nueva York, era el lugar en el que desembarcaban los inmigrantes llegados a los Estados Unidos, y donde se procedía a la inspección de su documentación y de su estado de salud antes de autorizar o no su entrada en el país. Entre 1892 y 1954, se calcula que pasaron por allí unos doce millones de inmigrantesEn 1904 es contratado para realizar las fotografías a los inmigrantes recién llegados a Ellis Island. Trabajó como fotógrafo para el Comité Nacional de trabajo infantil denunciando las condiciones laborales de los niños.


Fue una época muy fructífera para él aunque a la vez muy arriesgada. Se disfraza para entrar ilegalmente a las fábricas y poder denunciar así las infracciones y el incumplimiento de los horarios laborales. Cuando le resultaba imposible entrar hacía las fotografías de los niños y las mujeres a la salida.
Del mismo modo, usando como pruebas sus propias fotografías, Lewis Hine pretende ayudar a cambiar las leyes, promoviendo un control federal que regule las condiciones de trabajo de los menores.Lewis Hine mantenía primero conversaciones con los niños, que apuntaba sobre el terreno en una libreta y luego pasaba a máquina para adjuntarlas a sus fotografías. Con ese material, Hine iba directamente a políticos de corte reformador, que veían con buenos ojos su trabajo ya que les permitía tener información de primera mano con la que concienciar a la opinión pública a través de mostrarlas en periódicos y revistas de la época. Puede decirse que Lewis Hine fue el precursor del reportaje fotográfico como arma de denuncia social. Mostraba una realidad desconocida para el gran público, pero que no podía ni debía ser ignorada.Evidentemente, esto le granjeó muchos detractores. A pesar de que su trabajo sigue siendo de estilo muy clásico, sin artificio, mostrando lo que ve, muchos le acusaron de abusar de cierto “sentimentalismo”, de presentar a los trabajadores anónimos casi como héroes. Le echan en cara que tome partido, que se posicione tan claramente, en lugar de alejarse de la acción, de tomar un punto de vista más distante, más aséptico.
Pero su trabajo, para bien o para mal, no pasaba desapercibido. Y eso le trajo hasta Europa, a realizar, a petición de la Cruz Roja, un trabajo sobre las condiciones de los refugiados durante la primera Guerra Mundial. Tras la contienda, vuelve a América, y en plenos auge económico de los años 20,  Hine se dedica a realizar fotos en los que el tema central es la relación hombre-máquina.

En 1930 se encargó de documentar la construcción del Empire State Building que sería uno de sus últimos trabajos importantes. La recopilación de estas fotografías se llamó"Men at work". Como siempre, en estos últimos trabajos, coloca al hombre en un lugar preeminente.
A pesar de los numerosos reconocimientos le costó vivir de la fotografía, pero su trabajo refleja honestidad por su parte y dignidad en los retratados, al tiempo que nos transmite unos aspectos poco conocidos de la vida cotidiana de una época.
Lewis Hine murió en 1940 y toda su obra se donó al Museo de Fotografía George Eastman.