Revista Literatura

Fuego Con Fuego 6

Publicado el 02 octubre 2018 por Aluminca
Fuego Con Fuego 6
Vanessa, retrocedió un paso y permitió a Isabel, bajar del auto, pero cuando este sujeto la portezuela, para cerrarla, intento precipitadamente, rozarlo con los senos, la maniobra fracaso y por poco choca contra él, al voltear Isabel, ella le dijo- Me tropecé.- Se sintió muy pequeña al dar esta explicación pero la mirada ardiente, con que Isabel la recorrió nuevamente, la hizo olvidar sus complejos y el ver a Isabel frotarse la entrepierna con la mano la termino de excitar, sintió sus rodillas desfallecer e intento recordar, la última vez que se sintiera tan caliente. Isabel abrió la cajuela y la vacío por completo, paso las cosas a la cajuela del Mustang y procedió a cubrir el deportivo con la lona que fuera del Mustang.
Vanessa se acercó lentamente a Isabel y con una sonrisa perversa en la boca, pregunto. -¿Sabes que me dijo mi padre, por teléfono?  - Sin esperar respuesta, continuo.- Que te obedezca en todo.- Recargo su peso sobre una pierna y en pose sugestiva, interrogo. - ¿Se te ocurre alguna orden, antes de irnos?
-Bésame la verga.- Respondió, Isabel. Sin modificar el gesto en su cara. Vanessa pareció contenta y  emitiendo un ligero jadeo, froto el bulto de Isabel, mientras lo besaba en la boca, Isabel se mantuvo inmóvil, con las manos en los costados, mientras correspondía al beso y cuando Vanesa, se puso en cuclillas, él se abrió el pantalón y la dejo hacer, por alguna razón, Vanessa dudo en meter el miembro masculino en su boca y sin quitar la tela de por medio, prodigo una serie de besos. Esto por raro que pareciera, agrado a Isabel, que tomando por los hombros a Vanessa, la ayudo a levantarse y la sentó sobre la cajuela del Mustang.- ¿Aquí?- Pregunto Vanessa, cuando Isabel la recostó y le subió la faldita, observo un momento la tanga y sus detalles metálicos, luego lentamente introdujo un par de dedos bajo la tela y la hizo a un lado, dejando a la vista una delgada línea de vello púbico, Vanessa, se había depilado tanto que por un instante, Isabel sintió que profanaba una niña pero basto con mirar a Vanessa a la cara, para eliminar ese pensamiento, libero su miembro erecto y vio como apuntaba hacia arriba, como cuando tenía veinte años, lo coloco en posición y poco a poco lo introdujo en ella.
Vanessa disfruto cada centímetro que entraba en su intimidad, apoyo sus manos en la fría lamina del auto y movió un poco las caderas para recibir mejor a su visitante, después se llevó las manos al pecho para desabotonar la blusa pero Isabel se lo impidió, sujetando sus manos, después la soltó y la tomo por la cintura para iniciar sus embates, fuertes y profundos, sin dejar de observar esos pechos que aplastados por la gravedad, parecían haber aumentado de tamaño y que con cada embate se bamboleaban y sacudían.
-   ¿Esta casa tiene un baño?- Interrogo Vanessa, mientras se alisaba la ropa. Isabel la tomo de la mano y se dirigió al interior. Sorprendentemente la casa estaba totalmente terminada por dentro, los acabados eran modestos pero de buen gusto y la casa lucia bastante limpia, subieron la escalera y entraron en la recamara principal, Isabel le desabotono la blusa y le retiro el brassier, se arrodillo y mientras introducía la lengua en su ombligo, le quito la falda y la tanga, se levantó y se desnudó, nuevamente la tomo de la mano y la guio hasta el interior del baño, regulo el agua y volvió a besarla mientras la acariciaba suavemente bajo la regadera.   Leticia, pasaba una de sus peores experiencias en la vida. Se sentía como extraviada en el hospital de beneficencia, sin conocidos y con la mente llena de preguntas sin respuesta. La sala de espera estaba atestada de gente y ella no había conseguido un asiento, al principio ni siquiera le intereso pero ahora a las tres de la mañana, estaba cansada de estar de pie y los pequeños paseos por la sala, ya no aliviaban el cansancio de sus piernas, estaba arrepentida de vestir como vestía ya que algunas mujeres que tampoco alcanzaron silla, se sentaban en el piso y hasta dormían acostadas, pero ella con ese vestidito corto y ajustado ya traía colgando de si varias miradas lujuriosas de algunos hombres y otras de coraje, de sus mujeres, su único alivio consistía en recargarse en la pared y no le era suficiente. Cuquita le grito que avisaría a sus familiares, cuando se arrancaba la ambulancia que les trajo al hospital, pero no llegaba nadie, ni de la familia de Bryan ni de la de ella. De entre sus preocupaciones, el hambre estaba ganando posiciones con rapidez, la invadió una sensación abrumadora de soledad, rodeada de gente y sin poder contar con nadie. Súbitamente comprendió hasta qué punto dependía de Bryan, junto a él, no necesitaba de familiares ni amigos, él acercaba el sustento sin depender de nadie y provocaba el respeto que su familia necesitaba. Por primera vez, considero la idea de perder a su marido y un miedo enorme vino a acompañar a aquella sensación de soledad, una ojeada a su alrededor y le pareció que era la única persona que no contaba con compañía, por allá una mujer lloraba sentada y sus familiares la consolaban, al frente una pareja, tomada de la mano en silencio, a la izquierda una anciana devoraba un pan, mientras dos mujeres le hablaban, ¿Y ella? Ni sus suegros, ni su cuñada, ni sus padres, ni sus hermanos se presentaban. Una ola de calor Subió desde las plantas de sus pies hasta sus ingles y a punto estuvo de doblarle las rodillas, trastabillo y se recompuso. Un par de ojos libidinosos la recorrieron y tuvo que contenerse para no hacerle algún ademan, hasta en eso le afectaba la condición de Bryan, si estuviera sano, le habría pintado un violín a es pinche mirón sin siquiera pensarlo. El mirón comento algo con el tipo que lo acompañaba y sacando un billete de doscientos pesos, lo mostro en dirección a Leticia, esta sintió el rubor arder en sus mejillas y una indignación enorme se apodero de ella, aun no sabía cómo reaccionar cuando el tipejo se levantó y con una enorme sonrisa se encamino hacia ella, mientras su acompañante parecía disfrutar la situación, Leticia sintió miedo, el hombre avanzo decididamente y las abordo directamente.- ¿Cómo te caerían doscientos pesotes? -   -¿Qué te pasa? Pendejo. Me estas confundiendo con tu madre.- Respondió, Ofendida Leticia. El tipo, al parecer no esperaba esa reacción y amenazo.- A mí, nadie me mienta la madre.- Avanzo un paso más, mientras Leticia retrocedía.-   -De pronto una mano surgió por detrás de Leticia y empujando por un hombro al insolente, lo hizo retroceder. Era Samuel, hijo de Cuquita. Quien con cara de pocos amigos y actitud retadora enfrentaba al fulano, sin amedrentarse ante las bravuconadas.- A la señora la respetas. Orale a chingar a su madre.- El coraje asomo a los ojos del fulano, pero algo vieron a espaldas de Samuel, que lo disuadió. Asintió en tono amenazante mientras retrocedía hacia su lugar.- ¿Que pasa aquí?-Interrogo el policía, que Cuquita corriera a traer a la puerta de entrada, en cuanto viera los problemas de Leticia.-   - Nada. ¿Qué va a pasar? Aquí nomas.- Dijo el tipo cobardemente.- Este chavo que anda de picudo, pero ya, ahí quedo. - El policía miro interrogante a Leticia, esta únicamente, agradeció su intervención y cuando el policía se retiraba, Samuel sugirió.- Como que estaría bien que esos, desocuparan un lugar pa la señito ¿No?- Señalando un grupo de hombres y mujeres que ocupaban dos filas de sillas y todavía tenían apartadas otro par con unas maletas. El policía asintió y les pidió que los siguieran. La gente del grupo no recibió con agrado la orden de liberar los asientos pero no objetaron. Leticia ocupo una silla y Cuquita la contigua. Leticia agradeció el suave contacto de sus nalgas con el asiento, el descansar el peso de su cuerpo, en otro objeto le alivio las piernas del ya casi insoportable tormento de estar de pie, desgraciadamente las sillas se encontraban en la primera fila y su vestido mostraba más de lo prudente. Samuel observo su incomodidad y se despojó de la chamarra ofreciéndosela, Leticia la acepto de inmediato y con ella se cubrió las piernas, sus ojos se posaron en un envoltorio que cuquita sostenía entre sus manos. - ¡Ay¡ Perdón Señito, con los apuros me olvide. Mire, le traje un taquito, disculpe usted lo modesto del taquito. Leticia se reconforto, ante las muestras de lealtad de Cuquita y agradeció en su interior por la amistad incondicional de esta mujer.Continuara…

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