Revista Talentos
Mientras el sentenciado por inducción al adulterio oscilaba bajo la trampilla del cadalso, el verdugo sonreía socarronamente recordando su último deseo; deseo que arrancó discretos suspiros a numerosas damas asistentes a la ejecución, halagadas ante la póstuma despedida que les estaba brindando con tan generoso abultamiento bajo sus pantalones suspendidos.
