Revista Talentos
Por las mañanas abre, cada día, las ventanas para orear la casa. Luego la puerta principal. Toma contacto con la vida y saluda a los vecinos. Mientras, barre cantarina. Desahoga su corazón herido. En el porche no hay azulejo con letanía: "Dios bendiga esta casa". Las cicatrices se curan solas.
