
La magia de las pompas de jabón me salió al encuentro en la Plaza el Castillo.
Estuve en el Corte Inglés con la intención de saludar a mi amigo Arturo.
Y allí estaba, a la entrada como siempre.
Nos fundimos en un abrazo, nos contamos nuestras aventuras, sonreímos, disfrutamos...
Arturo, ilumina con su luz ese rinconcito.
En el autobús, una mujer escucha un vídeo sin cascos, con lo cual me fui enterando de las bondades de una hierbas medicinales.
De un carrito cercano, comenzó a salir un líquido marrón que puso el suelo perdido. Restos de una Coca Cola, dijo la dueña.
Una vez fuera, escuché una frase al pasar: "Es una ira dolorosa". Una mujer le hablaba en confidencia a otra.
Al llegar al "Bosquecillo" me encontré con mi amigo Jorge.
Jorge, tiene la sonrisa más bonita de Pamplona. Es un encanto.
Charlamos unos minutos de mi estancia en Guardo y mi regreso a Navarra. Conoce muy bien Guardo y sus gentes.
En un banco cercano, un trabajador de "Globo" se ha quedado dormido. Se le ve rendido.
Cerca, hay otro, y otro...
Veo muchas personas dependientes al cuidado de mujeres de otros países.
Es como regresar a la infancia.
Alguno sonríe al pasar.
Otros van con los ojos cerrados.
En su pequeño mundo.
Un abuelo y su nieto caminan a mi lado.
¿Qué es eso de los tacos? (pregunta el abuelo)
-Si, abuelo, es aquello que comimos un día en el "Bar la Perla".
-Ah, ya recuerdo...
Dos amigos charlan de sus cosas.
-Hay cosas que no se pueden tirar. (dice uno de ellos)
-Tienes razón. ¿Cómo va la mudanza? (contesta el otro)
-Pues eso...se pueden tirar facturas obsoletas, garantías caducadas de máquinas rotas, cacharros que no se usan, ropa, calzado...
Corro y corro para alcanzar el bus.
No me sirve de nada.
La conductora me ve y cierra la puerta.
Me toca esperar al siguiente.
A la salida del bus, comienzo a hablar con una mujer que ha bajado en mi parada y lleva el mismo camino.
-Acabo de llegar de la Montaña Palentina (le comento al preguntarme de donde era)
-Ah, pues yo conozco a, Pablo, que va por allí con frecuencia.
-Pues de Guardo vengo yo.
-¡Anda, que casualidad!
Y comienza a darme datos de quien es Pablo.
-¡Anda, pero si le conozco y me habló una vez de ti. (contesto con enorme alborozo)
Para regocijo de ambas somos vecinas.
Pablo se va a alegrar cuando le cuente que he conocido a su familiar que se llama, Isabel, y de la cual me había hablado en una ocasión en mis veranos en Guardo.
El azar nos ha unido a ambas.
Nos despedimos ilusionadas, mientras los últimos rayos del sol se pierden en el horizonte.
Historias mínimas bajo mi curiosa mirada.
