Hormigas

Publicado el 24 agosto 2014 por Sara M. Bernard @saramber

Dos verdades no pueden solaparse al mismo tiempo, hasta que llegó la física de partículas y te dio la razón. Ninguno es capaz de aportar algo nuevo que no esté ya dicho, porque no han vivido otra cosa que las pantallas de Internet y drogas para curar anestesiar el coco. Porque imagina la Vía Láctea al completo del cielo (o de sur a norte) en el hueco que nos permite el barranco; recuerda todas las estrellas amontonadas, como nunca antes fuiste capaz de ver. A la hoguera que se agota le sirve tu carne enfebrecida para elevarse de nuevo, pero no tan alto que tape eso que habías contemplado, que llegue tanto. Y ya no hay cachondeo ni mofa, como nos reímos de la estupidez de Nerea y esos señores raros, que a saber cuánto dinero te piden para su secta: nosotros vamos a comer de gratis, en el buffet libre y vegetariano más grande que existe sobre el planeta. A cambio, sólo piden que compartamos la alegría y dejarnos llevar por los timbales repetitivos. Esa languidez quisiera ahora, cuando la playa quedó tan lejos, ya sin hogueras ni estrella alguna, ninguna, ninguna de mis casualidades tiene dueño (preferiría que sí, una y mil veces), ninguna de mis intensidades un reflejo, ninguna palabra puede hablarse. Hemos cruzado 20 índicos sin que nos reconozca nadie y ahora no nos reconocemos nosotros. Ni las letras, que se abren como arañas oscuras, tampoco son reconocibles. Porque no pueden hablarse aunque es de noche. Letras en otro idioma que provocan más: seeker after Truth, breakdown, rethink. Inflamable, asegura la caja. Quién eres tú y dónde has estado, no lo sabes. Quién soy yo, que no puedo trocear papel como las hormigas, sin arder.
El sendero hasta el barranco sólo es visible con una gran antorcha.

Escribe; después lo piensas


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