Durante años pensé que no servía para #vender: ni a través de la imagen y, mucho menos, de la voz.
Sin embargo, y a pesar de mi gran timidez, el destino, la vida o mi propia locura (quién sabe
) me llevaron a dedicarme al sector turístico. En aquel entonces era una carrera desconocida, pero en auge. Y como me encantaban los idiomas y viajar, ¡pues para allá fui!
Estudié la #carrera y encontré trabajo antes de finalizarla. Tenía 21 años y no quería comerme el mundo, deseaba construir otro. Sin embargo, faltaba algo… Reconozco que me refugiaba en el uniforme, dedicaba largos ratos a ordenar los folletos de los dispensadores de#información y recibía con excesiva modestia los elogios por mi desempeño en la atención al público. No deseaba destacar y pasaba gran parte de la jornada intentando que mi mensaje fuera transmitido como el resto de mis compañeras. Era agotador.
Cuando renuncias a ser tú, la #vida te desafia una y otra vez hasta que captas el mensaje. Lo que vino después fueron entrevistas en radio y televisión y viajes a ferias de turismo internacionales. Mi jefa (un ser humano excepcional, por cierto) siempre me elegía para ser la voz del #corporativo donde trabajaba. Recuerdo que, en pleno ajetreo de oficina, en medio del estrés de atender filas interminables de turistas, me decía:
—Nuria, coge el teléfono. Te entrevistan en dos minutos.
Aquello era imposible de describir: sudor en las manos, taquicardia, calor en el pecho, pulso acelerado… Y no fue una vez, fueron infinidad de veces:
—Hoy vas a Barcelona Televisió.
—En dos días vuelves a la radio.
—El lunes sales a Berlín, a la ITB.
Solo tenía claro una cosa: mi propósito, a pesar del miedo, era #servir. Y en ese periodo inacabable de entrevistas llegó la iluminación: #comunicar era hablar desde la voz de mi corazón, desde mi experiencia y manera particular de contribuir a la empresa y, por ende, a la sociedad. Sin un #guion previo o un #discurso memorizado. Siendo yo todo el tiempo.
Hoy defiendo algo fundamental: mi voz no es una limitación. Mi voz es mi sello.
Porque cuando imitamos, diluimos nuestro talento, rechazamos nuestra #identidad. Cuando intentamos sonar como los demás, perdemos lo que realmente nos hace única(o)s. Nuestra manera de comunicar, nuestro estilo, nuestra forma de contribuir al mundo… son únicos, irrepetibles y necesarios.
Hace poco un #cliente me dijo algo que me impactó muchísimo:
—Lo que más me convenció no fue tu propuesta, sino cómo me la contaste. Sentí que estabas hablando conmigo, no a mí.
Esto me recordó que la autenticidad no solo conecta, también genera confianza. La confianza es lo que abre puertas de #oportunidad, construye relaciones y sostiene #negocios.
Te hago una invitación: deja de imitar. Tu voz, tu talento y tu forma de aportar son tu ventaja competitiva más poderosa.
© Nuria C. Mallart
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