Humanidades metalúrgicas

Publicado el 28 mayo 2012 por Monpalentina @FFroi

Felipe Calvo
(1919-1991)
Estamos en la era de la especialización; era que protagonizamos en masa, muchos seres incompletos e incultos que, por eso mismo, nos sentimos desgraciados. La especialización de orejeras, cerrada y hueca, podrían acabar con la cultura por frustracción resentida, o por incapacidad de creación. Pero la especialización es la forma vigente de ejercer profesiones y oficios, una evolución necesaria e inevitable para poder caminar las ciencias y las artes, cuando, unas y otras, se multiplican y ensanchan, y se hacen imprescindibles para una humanidad en desarrollo vertiginoso. Si esto es así, para que el hombre ejerza desde una especialización necesaria, y lo haga sin rencor, con fondo y forma cultos, habrá que ofrecerle el complemento de cultura que enriquezca sus conocimientos específicos con aspectos humanísticos con ellas relacionados. El hombre recibe, crea y transmite la cultura a través de la tradición, la educación y su medio; al beneficiarse de esta herencia, no biológica, pone de manifiesto lo que le hace único entre los seres vivientes: su inteligencia.
En la historia, en el arte, en la geografía, en la sociología, en la literatura, en la economía, en la música, podemos encontrar esa evasión complementaria que enriquece -y fundamente muchas veces- los conocimientos especiales de nuestro quehacer. Es una terapéutica ideal contra esa angustia cultivada por snobismo, o ese abandono para cuya razón se escarba en argumentos metafísicos, cuando tiene un nombre muy claro: pereza mental.
Como personalmente me he enriquecido -en el buen sentido-, me he cultivado y me he divertido mucho con estos casos -hasta el extremo de que de la angutia vital sólo conozco lo que me llega por las llamadas "noticias de agencias"- voy a contaros algunas de ellas, en relación con los metales, con la idea de transmitiros ese divertimento.
Si es la prehistoria lo que os interesa os puedo recordar que el hombre pasó prácticamente toda su vida -unos quinientos mil años- sin conocer los metales. Hace tan sólo siete mil que empezó a manejar lo que encontró nativos por nobles: oro y plata. Y hace cinco mil años  creaba ya con ellos las maravillas de este collar de cuatro vueltas encontrado en las Tumbas Reales de Ur, hecho con piedras preciosas y graciosas láminas de oro en forma de hojas, o este vaso de plata, encontrado en Mesopotamia, de 35 cm de altura, hecho de una lámina; o la jarra, acaso más reciente, del tesoro de Villena.
Dos mil años tardaron, aproximadamente, en adquirir la pericia necesaria, para lograr la delicadeza  de las joyas etruscas y griegas, de las que los tesoros de Aliseda o del Carambolo pudieran ser notables ejemplos. Existe un cuenco etrusco de oro, de aproximadamente 10 cm de diámetro y de 8 de profundidad, que hace empequeñecer a cualquier obra actual. Está decorado con más de 137000 esferillas de oro de hasta 0,1 mm de diámetro. Mi preocupación por la soldadura, dentro de la metalurgia, me llevó a plantearme, con admiración, cómo habrían logrado aquellos artistas soldar las esferillas a la plancha de oro. La técnica en cuestión la debieron dominar comunidades muy reducidas, y desapareció con ellas a la caída del Imperio romano.
.../Cuando el hierro irrumpió en la historia de la humanidad en forma de herramienta o de arma lo hizo con la tenacidad de su propia esencia. Homero (siglo VIII a.C.) ve a Vulcano bañado en sudor moviéndose en torno a los fuelles que "soplaban en veinte hornos, despidiendo un aire que avivaba el fuego según el dios lo deseaba". De mí sé decir que hace muchos años aprendí la primera lección inolvidable de un pariente carretero en Castilla. Reparaba en su fragua los picos, romos de abrir caminos, para hacerles punta. Caldeaba el extremo del utensilio al resplandor preciso, y templaba el pico introduciéndole en el agua del bebedero, ante el asombro del arrogante gallo.
Permitidme que os recuerde que del centenar aproximado de elementos conocidos, ochenta con metales. La humanidad se desarrolló hasta hace aproximadamente doscientos años con sólo ocho metales (oro, plata, cobre, mercurio, hierro, plomo, estaño y cinc) y dos aleacciones (bronce y latón). El más singular de ellos, el mercurio, es genuinamente español y su existencia está tan cargada de inspiración humanista, que sería mezquindad imperdonable interesarse por él ignorando aspectos como los que voy a comentar brevemente, de la mano del Señor Matilla Tascón, que está escribiendo una completísima historia de las Minas de Almadén.
El hallazgo de los yacimientos de cinabrio en la Bética (región de Sisaponense) hizo que las oficinas para fabricar bermellón en Éfeso(Grecia) se trasladarán a Roma; a finales del siglo XVIII probablemente sólo se fabricaba el bermellón en Sevilla y en Amsterdan. El bermellón fue siempre un color importante: con él se teñía la estatua de Júpiter y el cuerpo del triunfador en las grandes solemnidades; y con él se se decoraron palacios y alcázares. Por cierto, que su fabricación es, acaso, la aplicación más antigua del proceso de flotación para la concentración de minerales: el cinabrio molido a polvo fino, se lavaba con agua en la que flota el sulfuro con gran facilidad y rendimiento. Los que perfeccionaban el bermellón en estos establecimientos se cubrían el rostro con amplias vejigas para no respirar y tragar el polvo pernicioso, y poder, sin embargo, ver; porque ya Plinio recogía que "el Argentum vivum es veneno para todas las cosas, y corroe y rompe todos los recipientes penetrándolos con putrefacción funesta". Una forma temprana de la moderna contaminación.
La disolución del oro en mercurio fue pronto bien conocida; sin azogue no se podía dorar ni la plata ni el bronce; y fue el reactivo ideal para recuperar el oro de las telas viejas. Para ello se ponían al fuego en una vasija de barro hasta reducirlas a ceniza; se echaban éstas en el agua y se les añadía azogue, "el cual recoge y reúne todos los trocitos de oro. Decantada después el agua, se coloca la amalgama en un lienzo, de manera que, al oprimirle con las manos, deja pasar el mercurio y retiene el oro puro". ¿No es este, por ventura, el primer antecedente del procedimiento de amalgamación para el beneficio de los minerales de oro y plata?.
Vencidos los árabes, que explotaron las minas de Almadén enviando a todo el mundo el mercurio y el cinabrio que extraían, y en cuya explotación llegaron a trabajar hasta mil obreros, el rey Alfonso VIII donó por mitad Don Nuño "el castro de Chillón con su Almadén"(1168). Posteriormente, hacia 1250, se le concedió a esta Orden la mitad de la mina de azogue, reservándose el Rey la otra mitad, y ello con "fuero de población" de dicha mina, ya que los hombres que fueron allí a morar pertenecían por mitad al Rey y a la Orden. También en la explotación se dividían utilidades y rentas.
.../La verdad es que hasta que los Reyes Católicos nombraron a Luis Xuarez, vecino de Toledo, primer Gobernador de aquellas minas, no se supieron ni la producción de azogue ni los detalles de la explotación. Y he aquí que, ocupándonos del mercurio, llegamos al conocimiento de las trampas del poderoso emperador Carlos V y de su agusto hijo Felipe II, con la banda alemana de los Fúncares o Fuggarars, a la que en 1560 debían nada menos que 1.115.924.223 maravedíes o sea, 2.975.797 ducados y 375 maravedises. Como el maravedí no se cotiza hoy en Bolsa, voy a daros una referencia para vuestra información: el forzado Miguel de la Aldea, declarando ante Mateo Alemán -el creador del pícaro Guzmán de Alfarache- que fue juez de S.M. en Almadén- decía que la ración diaria que se les daba era de "dos libras y media de pan, cuartillo y medio de vino, una libra de carne de macho y un maravedí para verdura". Así, pues, ya tenéis el cambio: un maravedí equivale a la verdura diaria de un forzado.
Con esas trampas en cartera, era muy difícil discutir a los Fúcares del derecho a seguir disfrutando de sus dos mejores negocios: la mina de Almadén y las rentas de los Maestrazgos. Cómo sería la cosa que existía una Junta, llamada del Desempeño General, encargada de estudiar el asunto, de los créditos que los banqueros habían concedido al Rey, algunos de los cuales vencían inmediatamente y estaban, como los de menos inmediato vencimiento, cargados con fuertes intereses. Como ello no dejaba demasiadas alternativas a la Junta del Desempeño, ésta aconsejó, naturalmente, la prórroga de los asientos en favor de los Fúcares. Y en vista de que con la nueva prórroga, quedaba amortizada la deuda e intereses pendientes, se empezaron de nuevo a pedir efectos y dineros adelantados para "actuales urgencias".
En cada parte de la obra publicada por la diputación de Palencia en 1997 -señala el Académico Santiago Francia Lorenzo- se ha tenido en cuenta el orden cronológico. Treinta años de actividad literaria, siendo los más fecundos los últimos veinte de su vida, cuando se hallaba en su plenitud de madurez intelectual, y es posible que también en la plenitud de su madurez interior. Había cumplido su misión -incluída la de dejarnos estos escritos- y a la última llamada acudió con la puntualidad y elegancia que configuraron siempre su estilo de vida.
Madrid, 1972
Otras entradas de Felipe Calvo en nuestro blog
La metalurgia y los españoles (Ensayo)
Felipe Calvo en la Wikipedia