Iii concurso de narrativa corta. pinoso 2011.

Publicado el 24 septiembre 2011 por Jriquelmeib

"Os presento este pequeño relato que presenté al III concurso de narrativa corta de Pinoso, 2011. Espero que os guste.
JUGANDO A SER BUENOS
Comalá era un pueblo del sureste español, fundado en tiempos pretéritos por un noble mexicano que acudió a la España colonial en busca de nuevos títulos. El famoso noticiario NO-DO en uno de sus reportajes viajeros tildaba a esta inhóspita tierra como lugar de paso y abrevadero para el ganado que emigraba en el estío hacia tierras norteñas donde el calor se hiciera más soportable. Sin lugar a duda, desde su fundación hacía más de doscientos años el progreso fue nimio. Ahora recién acabada la guerra civil española, la España invertebrada que mencionaría el honorable Ortega y Gasset, el carácter de los pueblerinos se tornó aún más agreste si cabe. Comenzaba una nueva etapa para el hombre del terruño, la época de la cartilla de racionamiento, del vil caciquismo y del sálvese quien pueda.
Rubén era un chico bien parecido, amable, con talante y de familia acaudalada. Era del pueblo, pero desde hacía un par de años había marchado a Murcia a estudiar derecho. Su tío que trabajaba para el gobernador de la ciudad le había aconsejado sobre los mejores sitios para desatar sus instintos más primitivos y allí había entablado largas y tendidas conversaciones con ilustres personajes de la más alta alcurnia murciana. Entre cigarrillo y cigarrillo hablaban del Régimen, de acabar con esa concatenación de rojos que se escondían en las montañas, el maquis, y para variar, de mujeres que se habían beneficiado.
-¡A ver, jovenzuelo! ¿Qué tal trabaja la Mercedes?- preguntó un viudo teniente retirado de la Guardia Civil
-Bueno, no es gran cosa la verdad, parece que se apresura por bajarme los pantalones y terminar cuanto antes- le respondió el chico.
- Desde que enviudé jamás me ha llamado la atención la piltrafa esa, necesitaría unos buenos azotes.
-¡Jajá jajá! Rió la cohorte de cazadores de la noche mostrando aires de superioridad ante el desparpajo de aquellas ingenuas chicas que revoloteaban alrededor de ellos, mostrando sus atributos femeninos, como si de una exposición de Dodges y Cadillacs se tratase.
-Bueno muchachos me voy a dormir que mañana tengo un bis a bis con el decano, a ver si me aprueban derecho mercantil de una jodida vez- dijo Rubén.
- Anda con Dios chavalote, ¡Arriba España! ¡Con dos cojones! Exclamó el viudo retirado.
Rubén salió airoso. Era una noche gélida, febrero no daba tregua y el frío se metía en los huesos. Decidió tomarse la última copa en el Bar Avenida frente a la marquesina que da al río Segura. El dueño del bar estaba barriendo y al percibir la presencia del chico puso cara de pocos amigos.
-Me cago en sus…. ¿Qué va a ser chaval? Voy a cerrar ya mismo, son más de las 11 de la noche y no están los tiempos para andar por ahí.
-Un coñac, soy rápido no se preocupe, echo de menos el fuego del pueblo y un poco de charla- contestó Rubén con tono amable y frotándose las manos.
-Ah! ¿Eres de pueblo?
-Si, de Comalá.
-No me digas, me suena mucho ese pueblo, debe ser pequeño ¿no?
-Unos 400 o 500 habitantes como mucho,
-¿Y qué te trae por aquí por la ciudad, eres estudiante?
-Bueno si, curso segundo de derecho ya llevo un par de años, mi tío es…
Antes de acabar la frase una piedra hizo añicos el cristal y seguidamente entraron dos individuos encapuchados y con objetos punzantes en las manos.
- ¡Maldito hijo de puta! Dijo uno de ellos levantando la punzante arma sobre aquel hombre de nariz chata con la boca desgarrada de miedo.
¡Eres un chivato de mierda! ¡Te vas a enterar ¡- gritó uno de ellos con voz grave
inquisidora.
La paliza a aquel hombre fue brutal, Rubén salió y se limitó a husmear desde la ventana rota y con un pie preparado para salir disparado en cuanto acabasen la faena. Se sentía impotente pero aquellos ogros imponían. La curiosidad mata al gato pensaba Rubén.
Mientras uno de ellos se volvió hacia él y le gritó, ¡Eh tú, gilipollas! ¡Vete o serás el siguiente!.
Rubén salió cortando y al mismo tiempo con rabia, pensando que quizás debiera denunciar los hechos a la Guardia Civil, al tiempo que se ahogaba en su intento por alejar el extraño suceso de su mente. Al llegar al portal de su casa respiró y tomó aire profundamente.
-¡Dios! Voy a dejar de fumar – dijo ya con mayor tranquilidad y sosiego.
Esa noche Rubén durmió como nunca. Fueron seis horas pero parecía que había estado dormido una eternidad. Un terrible dolor de cabeza y un vago recuerdo de lo acontecido fue lo único que sintió en ese momento. La voz grave de aquel tipo se le quedó grabada. ¿Qué habría hecho aquel pobre hombre? ¿Estaría bien o lo habrían matado?. Por un momento se volvió a quedar dormido pero se levantó sobresaltado.
-¡Dios mío! ¡Soy un cobarde!. La conciencia le estaba jugando una mala pasada.
-Ese tipo , esa voz, solo la había escuchado una vez y me parecía hasta familiar. ¿De qué conocería Comalá ese pobre hombre?. Joder, me voy a volver loco.
Manuel Silvela, tío de Rubén, era un hombre distinguido en la ciudad. Desde hacía seis años trabajaba para el Gobernador de la ciudad y se había granjeado el respeto de las autoridades militares y civiles a los que diariamente llevaba de un sitio a otro en su Dodge.
-¿Qué haces aquí chaval?- Todavía son las 7.25 de la mañana, y tu no sueles madrugar mucho que digamos.
-¡Tengo que hablar contigo tío! ¡Es importante!. Exclamó Rubén exaltado.
-¡Imposible! Ven luego y me lo cuentas mientras merendamos.
-¡Hasta luego chaval!
-¡Hasta luego tío!
Rubén se quedó peor de lo que estaba, necesitaba contar lo sucedido a alguien, requería el consejo de una persona de confianza, pero no tenía demasiados amigos en quienes confiar.
Pensó en pasar por el bar y averiguar qué había sucedido realmente, pero solamente recordarlo le hacía temblar las piernas. De todos modos, para ir a la universidad el camino más corto era por allí y la curiosidad ganaba terreno al miedo a medida que se iba acercando.
El día se presentaba frió y esa humedad penetrante soliviantó su ánimo. Poco antes de llegar al bar, advirtió un enjambre de guardias civiles y de gente curiosa revoloteando.
Cuando faltaban unos metros para llegar al bar, escuchó voces imperantes que proferían guardar silencio.
-¡Silencio! Gritó un guardia civil de notable envergadura y de mostacho poblado.
-¡Era mi marido señor! Exclamaba una señora que se estremecía mientras intentaba contestar a las preguntas del guardia.
-¿ A qué hora encontró el cadáver?
Rubén se vino abajo, al oír esa palabra parecía que se iba a desplomar. El hombre del bar había sido asesinado a manos de esos brutos. ¿ Y si me desmarcaba y le decía lo ocurrido a la Guardia Civil? Pensó mientras aguantaba las ganas de vomitar que le provocaba la situación en la que inexorablemente se veía implicado.
-¡Oye tú ,chaval! Exclamó uno de los guardias que acotaban la acera donde se hallaba el bar.
¡Si, señor que…! Profirió Rubén con apenas aliento y temblando.
¡Circule! ¡Aquí no queremos fisgones! ¡Vamos!.
-Yo , señor guardia tengo que…. No llegó a acabar la frase cuando el agente bigotudo salió de interrogar a la mujer y pegó un grito ensordecedor ¡Todo el mundo fuera cojones!.
Nuevamente le faltó decisión para dar esa valiosa información que él solo conocía. Solamente una dirección pegada en uno de los cristales rotos me alivió en cierto modo. Debía indagar y conocer lo sucedido. Mientras me iba alejando del lugar del suceso me acordaba de la imagen desoladora de aquella noche fría de febrero, de la cara de la mujer desconsolada ávida por saber qué había pasado… Esto se tenía que saber como fuese, no podía vivir con ese pesar el resto de sus días, pensó Rubén ¿Y si testificaba sobre los hechos acontecidos y aquello derivaba en un arduo y complejo caso? ¿Y si simplemente era un ajuste de cuentas? Al fin y al cabo la crispación seguía en las calles de ciudades españolas tan sólo cinco años acabada la Guerra Civil… Pero ¿Y mi conciencia? ¿ Y mis valores como persona?.
El señor Silvela había llegado a casa a comer y hubiera advertido a su señora de la presencia de su sobrino a la hora de la merienda, pero conociendo la apatía con la que iba a recibir la noticia prefirió callar y comer en paz.
-Esta tarde no me echaré la siesta María, he de ordenar unos ingresos del señor Talavante- dijo Manuel asintiendo con la cabeza dando a entender que era una tarea rutinaria e insidiosa.
El reloj del despacho de Manuel dio las 6 de la tarde. Sonó el timbre y Manuel se apresuró en abrir. Sabía que el tiempo era muy valioso y que de paso aprovecharía para comentarle unos temas referidos a la herencia del pueblo, caballo de batalla entre la familia desde hacía tiempo.
¡Hola tío! ¿Qué tal el día? ¿Cansado?
-Bueno, qué te voy a decir que no sepas, ya sabes que es más rutina que otra cosa, y aguantar al filibustero del gobernador.
-¿Por qué estás tan pálido chaval?- preguntó Manuel
-Bueno tío, tengo que contarte algo que sucedió en la noche de ayer
-¿Tuviste problemas en esa casa de citas que te dije?
- No, no , eso no- contestó evadiendo el tema . - A ver , no se como …. –titubeó de nuevo.
-Vi un asesinato- dijo de forma tajante el joven.
-¿Un asesinato o un apaleamiento de los que solemos contemplar en estos tiempos?.
- No tío, un crimen . Aquella noche después de estar en casa de Madame Margaret, la verdad es que me apetecía tomarme la última copa, y pasé por el Bar Avenida, donde fuimos aquella mañana a desayunar usted y yo....
-Si ya, y asesinaron al gordo de Paco en tu presencia ¿No?. Venga chaval.
- ¿Conoces la noticia de su asesinato anoche verdad?- preguntó intrigado Rubén.
-Claro, pero murió de un ataque al corazón , se desplomó y se abrió la crisma. Eso es todo.
- ¡Pero yo vi…!- gritó el joven con la boca desencajada.
- ¡Tu viste que…! ¡Qué viste tú desgraciado!. Ibas borracho y nada más . Tema zanjado.
Mira sobrino, en mi juventud también he ido de putas, bueno y ahora de vez en cuando, y he bebido y he pillado cada tajada que no veas, pero de ahí a ver muertos, asesinatos… Es una época mala sobrino, la guerra civil está inacabada, las rencillas políticas, la persecución de rojos, pero te aseguro que todo está controlado. Y por cierto ese vago de Paco tendrá otra cosa pero es más franquista que la madre que lo parió, por lo que nada de linchamiento, ni nada de nada. Murcia está totalmente despojada de gentuza , de rojos, y los que quedan están cagados de miedo. No hay motivo chavalote, ¿Olvídalo vale?.
-Pero yo…- intentó rebatir Rubén antes de que su tío le cortase advirtiéndole con el dedo índice
-Tú no viste nada Rubén, fue un espejismo. Sobrino, tú eres un buen chaval que quiere ser alguien en la vida, unirte al grupo de gente de bien, de los que de una u otra manera apoyamos al régimen del Generalísimo…y con el tiempo y el esfuerzo seremos recompensados.. ¿No crees?.
- Y qué tiene que ver eso con lo que vi, no entiendo adonde quieres llegar- apuntó el chaval con decisión.
¡Te he dicho que lo olvides y punto!- gritó Silvela con una mirada penetrante y justiciera.
-Y ahora sintiéndolo mucho he de terminar de ordenar una correspondencia atrasada del señor gobernador. Lo dicho sobrino, cuídate y estudia que es lo que tienes que hacer, nada más-. Concluyó el señor Manuel con un tono irónico y desafiante.
La lucha interna por esclarecer aquel episodio tan desagradable empezaba a hacer mella en el aspecto físico de Rubén. Las noches se hacían eternas, continuos brotes de excitación nocturna, ansiedad, y lo que era peor , la pérdida de concentración para afrontar el final de su carrera.- ¿Por qué se empeña en decir que no vi nada? ¿Qué sabía él sobre todo esto? ¿Por qué se puso tan nervioso cuando le dije aquello? ¿Y si hubiese sido un ajuste de cuentas protagonizado por rencillas propias de estos años? ¿Acaso no es algo dentro de lo común?. No se qué está pasando pero todo es muy extraño y aunque su advertencia final es un misiva contundente para que abandone, mi otro yo explora en mi mente y me supone el acicate necesario para ir más allá. Tenía que hablar con aquella mujer.
El portal nº 15 de la calle Correos aparentaba ser la entrada de un distinguido edificio de la “Belle Epoque” murciana, pero no lo era. En el hall del edificio mendigaban niños con los dientes roídos debido a la pobre alimentación y a la suciedad . Intenté acercarme al hall para pulsar el timbre del Bajo A pero aquellos demonios se abalanzaron sobre mi pidiendo que les diese algo. Unas chocolatinas dejaron libre el hall para pulsar el timbre.
Disparó el timbre y se abrió aquella herrumbrosa y pesada puerta . A medida que iba ascendiendo por la escalera presentía que algo me impediría seguir con mi investigación.
-Buenos días , señora….- dejó en suspenso Rubén
-Señora Alonso , por favor- respondía aquella voz dulce y sibilina .
Era una mujer de unos 40 y pocos años con un cuerpo contorneado y sensual. Su mirada era de cierta frialdad pero intensa. Lo sucedido había demacrado su cara y su gesto invitaba a despachar pronto el cometido de mi visita.
¿Qué querías? – preguntó con cierta desgana.
A ver, pretendo ser breve y conciso. Se trata de la muerte de su marido…
-Su marido fue asesinado, lo vi, yo fui el único testigo aquella noche..- afirmó Rubén
-Vaya, ¿Acaso conocías a Paco?- preguntó con cierto descaro
- No, para nada. Vamos a ver , yo entré a tomarme una copa y al poco unos…
- Paco fue víctima de su sobrepeso, de su enfermedad, nada más. ¡Adiós.!- La puerta se cerró de un fuerte golpe.
-Esto debe ser un error- pensó Rubén. Mi tío, la supuesta mujer de aquel pobre hombre… Por un momento pensé si no era un sueño , pero puse de nuevo los pies en la tierra y supe que no, aquello que vi la noche del martes 13 de febrero era tan real como la vida misma. Ese tal Paco murió a manos de aquellos asesinos. Que mi tío deseara no verme involucrado en líos lo entendía, pero que la propia mujer del muerto, ocultase la verdad o más aún, no quisiera escuchar lo evidente era muy sospechoso.
Estaba muy confuso, en un par de días mi vida, mi situación estaba dominada por un pensamiento sumido en la simbiosis de la averiguación y confusión propia de lo acontecido. Necesitaba pensar, alejarme por un tiempo prudente de aquellas calles mundanas que ya me olían a sangre, a podredumbre y a sopa de cebolla.
Los días en casa parecían interminables, la concentración en el estudio irremediable. Debería tomar una copa y hablar con alguien, de lo que fuese. Hubo varias opciones en mi mente, pero me decidí por visitar de nuevo la casa de citas de Madame Margaret.
-¡Vamos chicas, moved ese culo!; ¡Veronique, Choni, Carmela, Patrice, a trabajar!. -Gritó con cierta ironía la Madame, mirando a los clientes que acomodados observaban el desfile de las laboriosas chicas.
Lo siento Madame, sólo vine para tomar una copa y charlar, se me cae la casa encima-Me atreví a contestar cuando cruzamos las miradas.
La señorita Choni era baja y regordeta, su dentadura prominente se asemejaba a la de un caballo percherón, y su afán por corregir el acento huertano le hacía cometer disloques verbales. Solía manifestar su enfado con graciosos alaridos y aspavientos. No era el paradigma de la raza aria la Choni pero prodigaba conversación y era atenta en demasía cuando percibía el perfume típico del funcionariado o de golosas herencias.
Hablamos de la vida, de la nueva situación, tomamos un par de copas, pero mi mente me traicionaba y volvía a pensar en aquél hombre inocente…
-¿Sabes? Una noche presencié un asesinato en un bar , se lo conté a mi tío Manuel, visité a la mujer del susodicho asesinado, y niegan cualquier indicio de apaleamiento, aquellos monstruos que entraron de forma salvaje al local lo mataron, ¿Entiendes lo que quiero decirte?- preguntó alterado Rubén.
-Bueno, yo no he oído ni se nada de nada, pero deberías estar despierto- Contestó Asun dotando de mayor intriga a la situación.
¿Qué quieres decir con que debería estar más despierto?
-Tu tío es un buen cliente de esta casa, todas lo conocemos muy bien y te puedo decir que te tiene mucho aprecio.
De repente se abrió una de las puertas del cuarto y sorprendentemente vi que era ella, la mujer del pobre desgraciado que habían asesinado.
-¡Dios mío!, pero ¿tú? ¿Qué significa esto?....No sabía que trabajabas aquí también.
La casa enmudeció, el ambiente jocoso y sibilino mudó a un estado de seriedad y desasosiego.
¡Tú y yo tenemos que hablar, me tienes que explicar qué pasa con esta historia que me está volviendo loco!, porque está claro que al igual que las demás conoces a mi tío y ambos negáis lo evidente. Explícame de una vez…. – Requirió Rubén con impaciencia.
Pasa chaval, me llamo Mari y quizás lo que vas a oír te deje perplejo, pero debes saberlo todo.
La habitación invitaba a otros quehaceres, pero el estado de nerviosismo y la intriga desechaban de mi pensamiento cualquier otra cosa que no fuese oír una explicación convincente sobre lo sucedido aquélla noche de febrero.
Tu tío es un hombre conocido, respetado y con muchos contactos. Sé que él te aconsejó venir aquí sin ninguna otra intención. La noche que estuviste aquí tomaste unas copas y no quisiste beneficiarte a ninguna de nosotras. ¿Recuerdas?.
-Claro, pero qué tiene que ver .. Vamos al grano ¿Quién mató a ese hombre?.
-¿Conoces el Peyote cactus Rubén?- Preguntó Mari con voz temblorosa..
-¿Pero de qué hablas?
-Fue una noche de confusión Rubén. Tu tío nos dijo que vendrías, nos dio tus señas, pagó todo y ….. Se nos fue de las manos. Aquella noche “la nariz cerdito”, bueno la Carmela, quería llevarte a la cama , también la Choni , todas conocemos a tu tío y conocemos sus bienes y sus influencias. Eras un caramelo que apetecía a todas, pero no quisiste intimidar con ninguna y Carmela te puso en una de tus copas Peyote cactus. Sí, es un alucinógeno que te hace perder la noción del tiempo, ver cosas inverosímiles, pero el problema es que actúa a la hora de tomarlo.
-¡Dios santo!, ¿Me drogasteis?.. ¡Seréis zo….!. Gritó Rubén levantándose de la cama en la que estaba sentado. Continúa porque me estoy poniendo muy nervioso y no suelo controlar.
-Ya, eso también influyó en lo sucedido. Saliste nada más tomar la copa y despedirte de un guardia civil retirado. La casualidad fue entrar al Bar Avenida, tomar un coñac y hacer una mezcla explosiva. Discutiste con ese pobre hombre justo en el momento de empezar el efecto del alucinógeno y lo mataste. ¡Tú mataste a ese hombre!, pero esa acción no nos exime de culpa. Aquí empezó todo. Lo siento chico, no era la intención..
Rubén rompió a llorar y a negar que aquello tan horrible fuese producto de su ira, de su mala fortuna.
Tu tío fue informado de lo sucedido y te salvó de ser ejecutado, ¿Lo entiendes?.
-¡Pero era tu marido!- Exclamo Rubén sollozando y golpeando el cabecero de la cama.
-No, todo fue una puesta en escena. Tu tío lo montó todo para que dejases de preguntar y te olvidases de lo sucedido. La benemérita recibió órdenes de arriba y creyeron lo que se les dijo. Ya se sabe, si tienes influencias la vida es más fácil.
Rubén dejó la casa de Madame Margaret cabizbajo, con pesadumbre e ira al mismo tiempo. Sabía que no podía ya confiar en la única familia que le quedaba en la ciudad, ¿De veras aquello lo hizo mi tío para congraciarse conmigo? ¿No estaba ahora en sus manos para acordar las herencias del pueblo? ¿Y si declaraba y decía toda la verdad? ¿A quien creerían? . Estaba claro que mi única opción era cargar con aquello de por vida o pasar el resto de mis días en la cárcel y morir como otros tantos inocentes de esta fatídica y absurda lucha fraticida.
Comalá me esperaba. Salí con ganas de vivir, de alcanzar mis ilusiones y un futuro prometedor lejos de odios y rencillas entre familias y allegados. Sin embargo la vida me había castigado con una condena que cumpliría en silencio cuán destacado literato preso por sus versos cargados de verdades.