Impulso (Ben Lerner)

Publicado el 22 noviembre 2020 por Enrique.arbe @enriquearbe
Allen Grossman, cuya lectura de Caedmon estoy pirateando aquí, extrae de esta lectura (y hay muchas versiones de ella) una dura lección: la poesía surge del deseo de llegar más allá de lo finito y lo histórico -el mundo de la violencia y la indiferencia- y de alcanzar lo trascendente o lo divino. Uno se siente movido a escribir un poema, se siente llamado a cantar, por ese impulso trascendental. Pero en el momento en que pasa de ese impulso al poema en sí, el cántico de lo infinito se ve comprometido por el carácter de finitud que condiciona su creación. Los versos que uno sueña pueden derrotar al tiempo, las palabras pueden liberar a la historia de su realización, puedes representar lo que no puede ser representado (por ejemplo, el concepto de representación en sí), pero al despertar, cuando uno vuelve a sentarse con sus amigos junto a la hoguera, se regresa al mundo de los hombres, con su lógica y sus leyes inflexibles.
Así pues, el poeta es una figura trágica. El poeta es siempre el registro de un fracaso. Hay un "conflicto indeterminable" entre el deseo del  poeta por cantar un mundo alternativo y, como dice Grossman, la "resistencia inherente a los materiales de los que cualquier mundo debe estar compuesto a ser transformados en una realidad alternativa". En un ensayo sobre Hart Crane, Grossman desarrolla su noción de "poema virtual" -lo podríamos llamar Poesía con P mayúscula, el potencial abstracto del medio tal como lo siente el poeta cuando se ve llamado a cantar- y lo opone al "poema real", el cual traiciona necesariamente dicho impulso cuando ingresa en el mundo de la representación.

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El odio a la poesía
Ben Lerner (Topeka, Kansas, 4 de febrero de 1979)
“¿Un poeta publicado? Y cuando les dices que sí, que eres un poeta publicado, parecen al menos vagamente impresionados. ¿Por qué? No es precisamente porque ellos, o alguien que ellos conozcan, lean revistas de poesía. Y aun así, hay algo profundamente justo, creo yo, acerca de este interés instintivo hacia la publicidad. Todo el mundo puede escribir un poema. Pero ¿ha sido tu poesía la destilación de tu yo más interior, considerada auténtica e inteligible por los demás?”.
Para Lerner la duda sobre la existencia del poeta refleja nuestra ambigüedad sobre la poesía. Por un lado, la poesía debe identificarse con todos. Por el otro, la poesía tiene que ser auténtica y personal. Es imposible. El poeta fracasa antes de escribir un verso. Y concluye: “El poeta siempre es una figura trágica. El poema es siempre un récord de fallar”.

Jesse Tangen. Mills [revistaarcadia.com]