Revista Diario

Involución #Posorja

Publicado el 17 octubre 2018 por Decorarmonia Priscilla Locke @decorarmonia

El morbo

Me fue imposible no enterarme de este hecho. Le huyo como a la peste a las noticias de crónica roja, en general, a todo noticiero por muy light que sea. Pero ayer las redes sociales se tiñeron de sangre. No vi ningún vídeo, no fue necesario. Es increíble que dichos vídeos hayan pasado los estrictos filtros de Facebook. Fue repugnante ver lo rápido que las explícitas imágenes inundaron todo. El morbo de compartir videos de un linchamiento es tan solo otro síntoma de la decadencia espiritual que vivimos. Pronto me enteré del horror. Paso a expresar mis reflexiones.

El que a hierro mata a hierro muere.

Los execrables hechos sucedidos ayer en Posorja que acabaron con el linchamiento de 3 personas sospechosas de secuestro infantil, son el resultado de la inconformidad social con el sistema de justicia de nuestro país. Bien es sabido que los delincuentes salen en libertad tras su detención. Estas personas registraban antecedentes policiales por estafa, asociación ilícita entre otros actos deshonestos, mas no tenían en su haber denuncias sobre secuestro, ¿merecían unos ladronzuelos acabar así? Ellos robaron $200 ¿cómo fueron confundidos con secuestradores? El mal uso de redes sociales hace que se filtren chismes que hoy han acabado con tres vidas humanas, que aunque fueran delincuentes comunes, fueron despojados de toda dignidad por el populacho.

¿Justicia por mano propia?

El populacho, ese ente “justiciero” que primero mata y después pregunta. Que aprovecha el caos para saquear y delinquir: de las oficinas del UPC de Posorja se sustrajeron computadoras, radios y demás equipos. Esos, los verdugos que con mano propia imparten “justicia” no dudaron en robar, cometieron exactamente el mismo hecho que “mereció” la muerte de los 3 caídos. La turba salvaje quemó además el vehículo donde supuestamente se cometió el delito, además de una moto de la Policía ¿con qué fin? Es que la turba no piensa, no razona, solo repite enardecida “quémenlos, quémenlos” reduciendo a cenizas la estación de policía que supuestamente está ahí para proteger. ¿Que la policía no los protege? Eso no justifica nada. Que los jueces son vendidos a la delincuencia. Es un cáncer que debe ser extirpado de raíz. Pero no quemando. No retrocediendo a tiempos en que la ley del Talión se aplicaba: ojo por ojo, diente por diente.

La violencia nunca es la respuesta.

Sin embargo es imposible pedirle razonar a un pueblo que ha perdido la fe en el sistema de justicia. A un pueblo primitivo que cree que con palos y piedras se solucionan los problemas. Un pueblo que cree que un linchamiento escarmienta, que los horrendos hechos serán un disuasivo para futuros delincuentes, que “pensarán dos veces antes de delinquir en Posorja”. Hay quienes apoyan estos actos. “¿Y si hubieran secuestrado a tu hijo?” Un pueblo poco educado, que aprovecha el caos para delinquir amparado en una turba. Atraso espiritual. Y un karma ineludible cuyas connotaciones no entiendo, ni espero que alguien las entienda.

La justicia de los hombres tiene muchas fallas, es innegable, y sobre todo en nuestro medio donde la corrupción campea y los delincuentes de corbata blanca reciben trato especial. Entiendo la indignación, mas nunca compartiré la barbarie.

Estamos involucionando. Dios nos perdone.

© 2018, Pitonizza Punto Com. Licencia de uso: Atribución-SinDerivadas CC BY-ND

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