Revista Diario

Joseph Ratzinger, justicia para el justo.

Publicado el 15 abril 2026 por Kanguro19
Joseph Ratzinger, justicia para el justo.

Cuando es justo reconocer lo injusto que se fue, es, justamente, justo. Cuando hace unos meses, luego de un año de fortalecimiento de mi fe, comencé a leer fuertemente todo lo que hay de Joseph Ratzinger caí en la cuenta de lo ignorante e injusto que fui sobre y con el Papa Benedicto XVI. Me fanatice con él, sobre él. No recuerdo haber visto el conclave que lo erigió como el sumo pontífice. Lo reviví en el presente por videos. No presté atención a su renuncia, me quedé como argentino con la elección de Francisco.

Benedicto XVI me era indiferente totalmente, no existía para mí. Como me arrepiento. Una de las luces que más han iluminado la Iglesia desde aquellos grandes Doctores de la Esposa de Cristo.

El Catecismo de la Iglesia Católica, publicado durante el pontificado de Juan Pablo II, es de él, completamente suyo. Sus entrevistas, el no esquivar ninguna pregunta por dolorosa que le fuera. La búsqueda seria y sincera de armonizar fe y razón. El Cardenal Ratzinger, como Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe (la antigua Inquisición), lejos de las otrora cuestionables prácticas, él, de manera caritativa, amable y amorosa, protegió la Doctrina Cristiana.

¡Que injusto fui! Su inteligencia deslumbrante, su rostro sereno, ante las distintas cuestiones que se le presentaron hablan de una solidez personal, intelectual y espiritual, pocas veces vista. Joseph Ratzinger, quien participo del Concilio Vaticano II con una presencia activa y destacada como teólogo consultor, ha dejado huella difícil de borrar.

Benedicto XVI, un pastor, un Buen Pastor, preocupado por esa oveja descarriada, perdida, desorientada tras la que va para traerla nuevamente al rebaño. Eso sin olvidar, sin dejar desprotegidas, a las otras noventa y nueve.

Benedicto XVI, imponía con su presencia un respeto inmenso, con sus producciones imponía un respeto aun mas grande. Me reprocho haberlo ignorado. Al ver las imágenes de él caminando por las calles vaticanas con una sonrisa amable me genera una imperdonable sensación al saber que no podré cruzármelo jamás.

Aun con sus críticos, detractores y acusadores fue tolerante y paciente. No levantaba la voz aún en las mas transcendentales disputas, gritar no era una herramienta para triunfar en una discusión. Abierto a la escucha de posturas opuestas a la suya, porque de esa forma podía asegurar un razonamiento certero y responder responsablemente. Fiel Católico amigo de otras religiones. Ejemplo fiel del católico solidario, ejemplo de persona comprensiva. Tímido. Bonachón. No se dejaba intimidar ni pisotear.

Un solo enojo le conozco y totalmente justificado. Cuando lo acusaron de mentir, de mentiroso. No lo dejaron defenderse, lo acusaron y juzgaron sin oírle. Injusto para alguien que jamás desoyó a su interlocutor. Injusto para quien no prejuzgo. Tengo la certeza que sus acusadores, aun habiéndolo escuchado, hubieran llegado a los mismos juicios injustos porque no querían descubrir la verdad querían un culpable.

Benedicto XVI, el humilde servidior de Dios que al saludar al ser elegido sumo pontifice simplemente expreso: «Queridos hermanos y hermanas: después del gran Papa Juan Pablo II, los señores cardenales me han elegido a mí, un simple y humilde trabajador de la viña del Señor. Me consuela el hecho de que el Señor sabe trabajar y actuar incluso con instrumentos insuficientes, y sobre todo me encomiendo a vuestras oraciones. En la alegría del Señor resucitado, confiando en su ayuda continua, sigamos adelante. El Señor nos ayudará y María, su santísima Madre, estará a nuestro lado. ¡Gracias!«

Benedicto XVI, Joseph Ratzinger, lamento mucho no haberlo conocido antes y le agradezco, porque es gracias a usted que lo sé, que en algún lugar [el cielo donde no tengo dudas esta y espero algún día estar] pueda manifestarle mi admiración.


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