Tras volver aliviada del baño, en el silencio de la mesa, solo quedó una mirada de culpa y otra de reproche y, sobre cada plato, una lágrima de impotencia.
Revista Talentos
Notó cómo cada gramo de la comida que le había servido su madre se distribuía por todo su cuerpo, hasta deformarlo.
Tras volver aliviada del baño, en el silencio de la mesa, solo quedó una mirada de culpa y otra de reproche y, sobre cada plato, una lágrima de impotencia.
Tras volver aliviada del baño, en el silencio de la mesa, solo quedó una mirada de culpa y otra de reproche y, sobre cada plato, una lágrima de impotencia.
