La bala, en la sien, nunca llegó, pero el tío Ramiro sintió su cerebro romperse en mil pedazos. Desde entonces, creyéndose muerto, camina por la casa como un fantasma.Le gusta hacer chirriar las puertas por la noche, o dar alaridos, desde que las engrasó mi padre. Es imposible razonar con él, no quiere hablar. Al final tuve que convencer a mi amiga Rebeca, la que estudió arte dramático, para venir los domingos a hacer de médium.
NiñoCactus
