Revista Talentos

La cárcel

Publicado el 27 abril 2015 por Aidadelpozo

Cruzas la puerta y desde ese mismo instante, ya tiemblo. Son pocos los momentos de felicidad que la vida me regala. Uno de esos momentos es verte cruzar el umbral y dirigirte hacia mi. Yo te espero desnuda en la cama, como de costumbre y no hay nada más que tú, yo y esta cama de sábanas frescas e inmaculadamente blancas. Sólo contigo me parecen así. Sólo contigo... Te desnudas y te contemplo, cubierta por esas sábanas que nos sentirán gemir y vibrar como uno solo.

Me abrazas y el mundo se detiene pero pronto comenzará a girar deprisa, muy deprisa, al son de nuestros cuerpos que se agitarán gozando de unas horas de plenitud. Siento el calor de tu cuerpo como una antorcha prendiendo cada una de mis células y haciéndome arder. Me besas, muerdes mis labios y yo me pierdo en tu boca, aferrándome a ella como un náufrago lo haría a un tronco a la deriva. Eres mi isla...

Bailas dentro de mí e inspiro tu aroma que inunda toda la habitación. Me recreo en tu respiración agitada, en tus gemidos que acompañan los míos, en este ritual que se repite cada mes desde hace ya más de un año. Sueño con que me lleves contigo algún día, que me rescates de esta cárcel en la que muero lentamente.

Se acaba el tiempo, nos duchamos y te vistes. Yo permanezco desnuda pues, ¿para qué vestirme si tendré que desnudarme de nuevo en unos minutos? Me besas, acaricias mi cabello y te despides de mí hasta el mes que viene, cuando cobres y puedas gastar los ciento cincuenta euros que cuesta tenerme unas horas. Cambio las sábanas. Y mientras espero, aún recuerdo tu olor y lloro...

Publicado en RELATO CORTO


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