Trabajar la paciencia es una gran virtud, entiendo que más importante que la paciencia en si. Todo el tiempo nos exponemos a situaciones que nos hacen trabajar la paciencia, sea cual sea el limite que uno tenga. Cuanto más cerca estamos de pasar ese límite, más esfuerzo demanda, la sangre bulle y el grito asoma por la garganta y así se trabaja al límite de la explosión.
Paciencia o ciencia de la paz es un constante ejercicio, ahora bien, la explosión puede, si se reprime, convertirse en una implosión y ahí es cuando las tripas se revientan y todo se pudre… en silencio, y eso es malo.
Es malo porque esa (o esas implosiones) se acumulan dentro de un cuerpo que se va debilitando hasta que, por presión interna, necesariamente se produce una explosión, una gran explosión.
La paciencia es una virtud mientras nace de la libertad y la fortaleza; deja de serlo cuando se convierte en resignación, miedo o costumbre de callar. La paz verdadera no consiste en evitar el conflicto a cualquier precio, sino en saber expresar los propios límites antes de que el silencio termine explotando.
Paciencia es una virtud que puede llevar paz y muerte. Paz exterior, muerte interior.
Ser paciente a toda costa, en todo momento, puede ser tan toxico como no tener un ápice de consideración, de tolerancia.
Sed paciente y tolerante hasta el punto en que sea realmente necesario; hasta el límite de lo saludable.
Sed paciente y tolerante, más no estúpido
