Pongo el temporizador en 60 minutos, lo que me duraba el turno en el ciber, allá por el año 2009, aunque no fue hasta el año 2010 que iniciaba este blog. Allá por el 2010 plasmaba en la web un sin número de escritos sin correcciones previas, escupidos por mis dedos, la mente no llegaba a organizar su contenido. Algunas de esas producciones eran buenas, en sentido potencial, plagada de errores ortográficos y semánticos. Hoy a 16 años de distancia muchos libros pasaron por mis manos y la lectura de los mismos se fue haciendo cada vez mas concienzuda, entiendo que eso me hizo mas complejo y, hasta cierto punto, mas profundo. Aquellos escritos de mi juventud desprovistos de prejuicios -auto prejuicios y autocritica- han quedado lejos… lamentablemente.
Recuerdo, ya que no repase todos los posts que publiqué, haber escrito sobre la nostalgia, de hecho, tengo una etiqueta con ese nombre. Nostalgia, ese sentimiento “agridulce que mezcla tristeza, melancolía y afecto al recordar tiempos, lugares o personas del pasado”. Peligrosa nostalgia que hace que uno quiera constantemente regresar a donde, real o irrealmente, uno estaba o creía estar mejor.
Hoy, casi rozando los 40 me invade algo que, gracias a Dios, lo sé porque lo busqué, no me afecta solo a mí, “La crisis de los 40”. Momento de replanteos, de análisis, de parar la pelota y ver por donde y/o como se sigue. Estar escribiendo nuevamente en este blog es parte de ese querer regresar, con menos tiempo, con mas ocupaciones, con mas obligaciones, con menos pelo, con esposa e hijos, ya profesional, en fin, con un camino recorrido… mal o bien transitado.
Probablemente necesite un psicólogo para tratar todos los temas que me aquejan, acomplejan, pero me rehúso. Miro el temporizador y me quedan 48 minutos, no recuerdo escribir tan rápido en esas incomodas sillas, frente a grandes monitores cuadrados, con un cenicero de aluminio descartable junto al mouse. Abierto siempre el MSN, otra de las tantas cosas que me producen nostalgia, aunque la que mas tristeza me trae es la imposibilidad de utilizar mi viejo Nokia 1100, no porque no ande (sabemos que eso es imposible) sino porque mi trabajo, la vida diaria, demanda que estemos conectados todo el tiempo con las Apps… malditas Apps. Esto, también, me recuerda que renegué con el Facebook y tarde cerca de 4 años en abrir el mío.
Miro desde este presente mi blog que me traslada al pasado y me trae lindos recuerdos. Encuentro algunos de aquellos escritos, nombres, lugares, que en su momento eran anhelos y proyectos que se han materializado. ¡Que loco! El nombre de mis hijos por ejemplo 16 y 18 años de tenerlos ya estaban escritos, es lo que más me impacta.
Reviso las estadísticas y no logro entender como hay escritos que han trascendido, no son famosos, no son una obra de arte, pero han sido leídos por miles de personas, han sido alagados y hasta citados. Escribir nunca dejé, de hecho, publique dos libros de historia, historia local, de mi ciudad natal. Además diariamente escribo en mis libretas, repletas de apuntes sobre diversos temas, un blog, si se quiere, que llevo en el “bolsillo”.
Como dicen, tanta agua paso bajo el puente… hoy a menos de un año de los 40 estoy con constantes replanteos… y volví aquí, este espacio que, aunque las formas (no creo que tanto) hayan cambiado, es mi lugar de catarsis, de poder expresarme abiertamente, tras el nombre de Kanguro, nombre que se remonta a viejas épocas de joven atleta.
Entre paréntesis, hoy recibí un mensaje que decía “en algún lugar y momento se empieza…” y esta claro que es así. Esa idea de comenzar a andar que es lo que siento me falta, arrancar, viene día tras día. Ese sentimiento de estar estancado que, sin dudas, es lo que hace que me sienta nostálgico muchas veces es lo que me trajo hoy aquí. Comenzar, aunque, no deja de ser una continuación, a rearmarme, a armarme para empezar. Un paso a la vez, pero sin detenerme. No puedo, no quiero y no debo estancarme en proyectar, planificar, etc. porque de nada sirve derrochar horas a la planificación si no se arranca.
Para terminar, una frase que me persigue los últimos tres años es “hay que quemar los barcos”… bueno, llego la hora.
— el temporizador me dice que faltan 24 minutos, es hora de pasar a subir este texto al blog, antes que desde la computadora, el administrador del ciber me bloquee la sesión—
